Análisis sobre el ascenso electoral del Frente de Izquierda

Las votaciones del Frente de Izquierda se han mantenido creciendo de elección en elección. En el lapso de apenas dos años, el Frente de Izquierda pasó de medio millón de votos a un millón doscientos mil. Acabamos de conquistar el ingreso de un bloque de cuatro diputados nacionales, aunque en el caso de una de esas bancas, la justicia electoral está convalidando un fraude organizado por el PJ y la UCR de Córdoba para burlar la representación política electa por miles de trabajadores cordobeses que votaron al Frente de Izquierda.Hemos ingresado con bancas en numerosas legislaturas y concejos deliberantes. Las votaciones en la provincia de Salta han sido inmensas, consagrando un diputado nacional en las elecciones nacionales y luego volviendo a crecer en las elecciones posteriores a cargos provinciales. El Partido Obrero, que representa allí al FIT ha ganado la capital por un amplio margen, derrotando al PJ del Gobernador Urtubey y el intendente Isa y establecido un empate a nivel de la provincia. En el cuadro del desmoronamiento del peronismo en cuanto movimiento popular, estos resultados nos postulan como candidatos a desarrollar un nuevo movimiento popular en Argentina de carácter obrero y socialista. Se ha manifestado una rebelión popular que ha tenido como escenario la conciencia del sector más activo de los trabajadores y la juventud y de numerosos estratos medios. En la inmensa mayoría de las concentraciones obreras, duplicamos y triplicamos los promedios electorales obtenidos en los distritos. La consecuencia política más directa de estos resultados deberá ser un salto de calidad en el desarrollo del movimiento obrero y las organizaciones juveniles. La política revolucionaria en el campo electoral se fusiona, de este modo, con el movimiento real de las clases explotadas.

El resultado electoral ha reforzado el agotamiento del kirchnerismo, que arranca en 2007, atraviesa vaivenes, y se expresa ahora en todas sus determinaciones. En sólo dos años, el oficialismo perdió más de cuatro millones de votos. La mayoría que mantendrían en el Congreso Nacional es ilusoria, ya que la imposibilidad de la reelección y la pérdida de autoridad de Cristina Kirchner han comenzado, desde el día mismo de la elección, a hacer florecer mil y una tendencias a la disgregación del campo oficial

La transición política que se ha abierto se caracteriza, antes que nada, por la crisis financiera, que lleva a la aplicación forzada de un ‘ajuste’. La pelea entre las camarillas K se nutre del naufragio de la improvisación económica aplicada hasta el presente. El Frente de Izquierda debe hacer frente a una transición del régimen vigente -la cual es, por naturaleza, una etapa de crisis de todo orden y de agitación en los medios populares. La crisis de gabinete, que se ha llevado puesto al inconmovible Moreno, tiene como telón de fondo a la caída en picada de las reservas internacionales, la quiebra del fisco, el derrumbe energético y una inflación imparable. Como respuesta a la derrota electoral, el “modelo nacional y popular” ha resuelto volver a sus orígenes: la conducción del gabinete ha sido entregada a quien ejerció ese cargo bajo el gobierno de Duhalde, Jorge Capitanich. Después de haber ensayado la ‘transversalidad’, la convergencia plural y los “unidos y organizados”, el kirchnerismo vuelve al pejotismo. Capitanich cuenta con el apoyo de Gioja, Urtubey y la “liga de gobernadores” asociada a los intereses sojeros, mineros y de otros grupos capitalistas que reclaman a gritos la devaluación. Después del 27, la “liga” se ocupó de exigirle un viraje político y económico a la camarilla presidencial (ello, mientras ensayaba sus acercamientos con Massa). El libreto del pejotismo es claro: hacer pasar el ajuste y la devaluación que la clase capitalista quiere imponer como salida a la fundición de la política oficial.

La elección de Massa, por una distancia enorme, significa un salto en el fin del kirchnerismo, en el marco de un viraje del establishment en favor de una devaluación y un ajuste tarifario y fiscal. Ello se expresó en los apoyos a Massa por parte de la UIA y de la mesa de enlace agraria, entre otros. Siguiendo esta orientación, los grandes medios han hecho un trabajo sistemático para instalar a Massa como el canal para terminar con el kirchnerismo. Para el empresariado, el Frente Renovador de Massa tiene el atractivo de combinar esta ruptura del PJ con la camarilla cristinista junto a la preservación de los aparatos históricos de punteros y burócratas que puedan oficiar de contención social. Las listas del FR se nutrieron de intendentes del PJ, una ensalada de vecinalistas, radicales, macristas o duhaldistas y sectores de la burocracia sindical provenientes de las cinco centrales -entre ellos, manifiestos matones antiobreros. Esta suma de aparatos, recursos y el apoyo decidido de la burguesía catapultó a Massa. Insaurralde y Scioli abandonaron cualquier defensa del “relato” y fueron a competir con Massa por el favor de los “titulares” capitalistas. El flanco centroizquierdista del kirchnerismo ha sufrido una sangría cotidiana en el marco de este giro a la derecha (Granados, Chevron, Milani, baja de imputabilidad). El Frente de Izquierda ha crecido al ritmo de denunciar la capitulación definitiva de cualquier pretensión “progresista” del kirchnerismo. Por estas mismas razones, tanto Massa como Insaurralde evitaron debates públicos, los que hubieran revelado la coincidencia de fondo en sus planteos frente a la crisis.

El voto creciente del Frente de Izquierda es una advertencia del movimiento popular contra la aplicación de un ajuste. El gobierno, sin embargo sólo toma en cuenta este pronunciamiento popular para edulcorar o acompasar el trago amargo del ajuste, no para que paguen la crisis los grandes beneficiarios de la década. Todo lo contrario, se sigue el lineamiento de negociar con los fondos buitres ya adelantado con la reapertura del tercer canje, mediante ley apoyada por gran parte de la oposición, radicales, massitas y machistas. En el mismo camino se han adelantado 500 millones de dólares para las deudas con el Ciadi y se busca un acuerdo con el Club de París. Es decir, aplicar un nuevo ciclo de endeudamiento que tendrá como contrapartida el ajuste. Graves reformas introducidas en el nuevo Código Civil apuntan a reforzar la tercerización con su secuela de precarización laboral y blindan al estado frente a las demandas civiles a sus concesionarios. El Frente de Izquierda rechaza este curso y defiende un salario mínimo vital y móvil equivalente a la canasta familiar, el 82% móvil, de inmediato un doble aguinaldo y reapertura de paritarias –contra la tregua establecida por todos los sectores de la burocracia sindical y pactada también entre Moyano y Massa-, la abolición del impuesto a las ganancias sobre los salarios, la investigación de la deuda pública, apertura de libros de las empresas formadoras de precios y un sistema impositivo progresivo hacia las grandes rentas y fortunas.

(*) Diputado electo por el Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT) por la provincia de Buenos Aires

1 comentario

  • Ariel dice:

    Teniendo en cuenta la falta de propuestas en gestión y la falta de iniciativas de los representantes del PO en las facultades, me gustaria ver qué proponen ahora que tienen bancas, que votan y como articulan alianzas. El PO se ha caracterizado por destruir más que por construir. Lo de Salta va a ser una buena muestra

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