Con orden y garra, Argentina es el nuevo subcampeón del mundo

La Selección cayó 1 a 0 con Alemania cuando faltaban siete minutos para la finalización de la prorroga. El gol de Mario Götze sentenció el partido. La gente festejó en las calles el segundo puesto conseguido luego de 24 años. Faltó mejor definición para el premio grande.

El conjunto de Alejandro Sabella fue de menor a mayor en la Copa del Mundo. Paradójicamente, su mejor partido, por la calidad del rival y de sus jugadores, lo disputó ayer a pesar de la derrota. La única que tuvo en la competición y no fue en los 90 minutos. Al planteo de replegarse en defensa y salir rápido de contraataque le faltó efectividad en el arco rival.

Si el trámite de un partido puede cambiar en un instante, la identidad de un equipo puede modificarse cabalmente a lo largo de un mes. Y así fue. Porque el equipo albiceleste no fue el de los cuatro fantásticos – Messi, Agüero, Higuaín y Di María – sino que sobresalió por su bloque defensivo. Aquel que en la previa de la competición estaba señalado como el sector más endeble de la formación.

Sergio Romero hizo chiquito el arco. La línea de cuatro del fondo creció con el ingreso de Demichelis y con la seguridad de los laterales. Mascherano reivindicó la frase del Maradona DT cuando dijo, fiel a su estilo y sin pelos en la lengua, “ el equipo es Mascherano más diez”. El Jefecito, el capitán sin cinta, tuvo un gran ladero como Lucas Biglia, un sorprendente Enzo Pérez en las bandas y un sacrificado Ezequiel Lavezzi convertido en volante mixto.

El devenir de la competición, las lesiones, el cansancio y la falta de frescura de los de arriba fue moldeando un equipo que comenzó a rodear, cada vez más, a Javier Mascherano al mismo tiempo que dejaba cada vez más solo a Lionel Messi. La Pulga faltó a la cita con la gloria. Messi fue más terrenal que nunca.

Si bien el crack rosarino mostró chispazos cuando tuvo la pelota, su actuación no estuvo a la altura de sus antecedentes. No fue la manija del equipo ni el definidor. Aunque tampoco se borró. Tuvo el gol en dos oportunidades. Primero con una jugada de derecha a izquierda que cerró Boateng sobre la línea y luego con una definición fallida de zurda. Tristemente, como reflejaba su rostro con el pitazo final, le dieron un premio que él sabe que no merece: el Balón de Oro al mejor jugador del torneo.

Del otro lado de la premiación sí hubo justicia. Manuel Neuer, el arquero alemán, fue elegido el Guante de Oro. Su actuación nuevamente fue brillante y clausuró su arco. Aunque la historia pudo ser distinta si el árbitro italiano Nicola Rizzoli hubiera sancionado penal y lo hubiera echado luego de la entrada criminal que le hizo a Higuaín en plena área. La jugada polémica, como en Italia 90, nuevamente fue para los teutones. Y el apellido de Rizzoli quedará grabado para siempre en la historia negra del fútbol argentino como ya figura el del uruguayo Edgardo Codesal.

Gonzalo Higuaín desperdició un mano a mano increíble que le facilitó un error alemán en defensa. Otra clara tuvo Rodrigo Palacio, que nuevamente como ante Holanda definió apurado y sin precisión. El bahiense, que brilló en Boca y marcó muchos tantos en el Inter de Italia, nunca encontró su lugar en la cancha ni la serenidad para demostrar por qué el seleccionador confió en él.

Agüero saltó al campo de juego en la segunda parte y quedó evidenciado que no estaba en su plenitud física. El enroque de un jugador que estaba haciendo un gran partido – Lavezzi – por otro que no estaba al cien por ciento – el “Kun” – fue una jugada que no le salió bien a Pachorra. Tampoco el ingreso de Gago y el mencionado Palacio.

Y los goles que no se marcan en el arco contrario, se sabe, se sufren en el propio. Porque la defensa, que le quitó toda la peligrosidad a Holanda y casi repitió contra Müller, Ozil o Klose, no pudo marcar a Höwedes en la jugada final del primer tiempo y la pelota se estrelló milagrosamente en el palo. Tampoco pudo frenar a la topadora alemana ingresada desde el banco, Andre Schurrle. El jugador del Chelsea desbordó a Zabaleta y los centrales perdieron a Götze que definió magistralmente de zurda, en el aire, tras un control precioso con el pecho en el minuto 113.

La victoria significó la cuarta Copa del Mundo para Alemania, que acumula 18 partidos invicto. Fue la primera vez que un seleccionado europeo se consagra en tierras americanas. Fue un justo campeón. Como también lo hubiera sido Argentina si acertaba en la definición. En partidos tan cerrados, los detalles son los que inclinan la balanza.

Lo que no fue un detalle sino una gran señal positiva fue el clamor popular de la gente para honrar el segundo puesto. Un país tan futbolero se debía volver a jugar el séptimo partido de un Mundial después de 24 años. Ojalá se haga costumbre.

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