UCA e INDEC: cifras y miradas divergentes de la pobreza

El informe de la UCA llamado “Heterogeneidades estructurales y desigualdades sociales persistentes” considera que “no menos del 25% de la población urbana” se encuentra en la pobreza. Mientras que el INDEC, con un pasado signado por su precisión y un presente marcado por la desconfianza de sus números, en su última publicación correspondiente al primer trimestre de este año ubica la cifra en la quinta parte (%4,7).

En un país que desde el 13 de marzo de este año cuenta con el máximo exponente de la Iglesia Católica como referente gracias a la designación del cardenal Jorge Mario Bergoglio como Papa, no debe ignorarse los postulados de la Universidad Católica Argentina (UCA). Más allá de creencias y elecciones, una institución que investiga y toma la palabra es digna de ser escuchada. Más aún si quien realiza el informe, Agustín Salvia, es investigador CONICET, Jefe del Programa del Observatorio de la Deuda Social de la UCA y también titular de una cátedra en la UBA denominada Metodología y Técnicas de la Investigación Social.

El informe, que consta de 34 hojas y utiliza datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) correspondientes al período post-crisis 2004-2012, presenta como tesis central que “el crecimiento económico y los programas sociales no han sido suficientes para reducir las desigualdades económicas fundadas en la segmentación del mercado de trabajo y otras exclusiones sociales. En ese marco, se han deteriorado las potencialidades político-ciudadanas para alterar de manera progresista la matriz estructural de marginalidad. El aumento de la inseguridad y de la violencia no es consecuencia de la pobreza sino de la mayor desigualdad”.

La investigación asume el crecimiento económico de la década kirchnerista más allá de algunas fluctuaciones. También el aumento del consumo interno, el incremento de la demanda agregada de empleo, la recuperación de los salarios de los trabajadores formales, la extensión de los programas sociales, la reducción de la indigencia y la pobreza por ingresos. Sin embargo, plantea que esos elementos “no lograron constituirse en factores capaces de estructurar una vía de escape al subdesarrollo y la marginalidad social”. Por el contrario, considera que “no sólo no redujeron las desigualdades socioeconómicas estructurales fundadas en las condiciones productivas, la segmentación del mercado de trabajo y/o el origen de clase de la población, sino que han cristalizado aún más estas desigualdades y han degradado las menguadas potencialidades de las instituciones político-ciudadanas para alterar de manera progresista la actual matriz de marginalidad social”.

El informe, que define a la pobreza como “la imposibilidad de acceder a niveles fundamentales de realización humana, bienestar e integración social”,  crítica fuertemente el rol del Estado al considerar que “carece de un plan de desarrollo y distribución real de las capacidades productivas y de integración social”. Así, postula que los programas de transferencia de ingresos – como la Asignación Universal por Hijo que pasó de cubrir el 12% en 2003 a 23,5 en 2012 – no son parte de la solución sino un elemento más del problema ante la falta de un proyecto real de desarrollo inclusivo con verdaderos posibilidades de progreso para los trabajadores.

Por último, en sus conclusiones, detalla números escalofriantes. Mientras que el INDEC marcó la desocupación en un %6,8 en el último trimestre de este año, el informe con cifra casi idéntica plantea que hay “un 8% de desempleo, casi la mitad de los trabajadores ocupados tiene un empleo precario o realiza trabajos de indigencia. Asimismo, más de la mitad de las nuevas generaciones de adultos están excluidas del sistema de la seguridad social. En este marco, no debe sorprender que la pobreza urbana medida por los ingresos, afecte todavía a no menos del 25% de la población urbana (10 millones de personas), que una de cada 10 viviendas no cuente con agua corriente y que tres de cada 10 no dispongan de servicio de cloacas. Al mismo tiempo que el 37% de los jóvenes nunca logra terminar la secundaria, el 20% no estudia ni trabaja y que el 12% de los niños de entre 5 y 17 años debe realizar alguna actividad laboral para cubrir necesidades económicas del hogar” .

Para el INDEC una persona es indigente si la sumatoria de sus ingresos no le permite alcanzar la Canasta Básica Alimentaria y es pobre si no puede adquirir la Canasta Básica Total. Esta, además de la comida, incluye otros bienes y servicios como ropa, transporte, salud, educación y alquiler. Este instituto, que supo brillar por la precisión de sus números, comenzó a perder prestigio al compás de la medición mensual de la inflación. La empiria de cualquier ciudadano que tiene tiempo de ir al supermercado y hacer sus compras rechaza de plano la medición mensual de la inflación.

Y así, fue la rutina del día a día la que prácticamente convirtió en un chiste, por ejemplo, la medición de junio del costo de la Canasta Básica Familiar. En aquel momento la cifra fue de $731,04. Con lo cual, de acuerdo a esos parámetros, una persona podría alimentarse con $6,09 por día. Sin embargo, la vida real, el hecho de pararse frente a una góndola,  nos marca que esa suma sirve para comprar simplemente un paquete de fideos o apenas 100 gramos de queso.

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censo, a pesar del desprestigio sufrido, salió al cruce de la casa de estudios y recordó que en su último informe que detalla el primer trimestre de 2013 la pobreza afectaba a %4,7 del total de los habitantes y la indigencia a %1,4. Las cifras coinciden con los planteos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) quienes recientemente señalaron que en el período 2005-2012 Argentina fue el país con menor pobreza de la región (%4,3) y el segundo con menor tasa de indigencia detrás de Uruguay al conseguir un %1,7.

La investigadora Roxana Mazzola, autora del libro “Nuevo paradigma. La Asignación Universal por Hijo en la Argentina”, se sumó al debate y criticó la metodología utilizada por la UCA en un diálogo con la Agencia Nacional de Noticias Télam. “Es un error la extrapolación de una análisis de grandes centros urbanos hacia un total del país”, opinó. “No incluye a pequeñas localidades del interior, que muestran buenos índices, sino que extrapolan a un total nacional las lecturas que hacen de grandes aglomeraciones urbanos”, agregó.

En concreto, el escenario nos muestra de un lado una casa de estudios con investigadores de renombre que realiza una investigación con una metodología no del todo convincente y del otro, un organismo golpeado, con cifras irrisorias y alejadas de la realidad. Y en el centro de la escena, como siempre en cada disputa, la gente que lucha por seguir siendo parte del sistema. Del real y del imaginario también.

Deja un comentario