“Nunca será Titular alguien como vos, que apoya a la producción pública de medicamentos”

Me presento como médico y Doctor en Medicina, especialista en Oncología Clínica, con formación en nuestro país y 6 años de perfeccionamiento en una de las mejores instituciones de investigación en cáncer en los Estados Unidos. Regresé al país a fines de 1992 y retomé mis actividades consistentes en la asistencia a pacientes oncológicos, la docencia universitaria y la investigación. Relato aquí una historia – lamentablemente, no única – de manejos opacos y discriminatorios en los concursos de profesores en la UBA.

Estos concursos buscan, en principio, seleccionar a los mejores candidatos a dirigir una cátedra en que se realicen actividades docentes y de investigación. La formación de los futuros profesionales, la capacitación de investigadores, y el emprendimiento de acciones hacia la comunidad según su campo del conocimiento son responsabilidades importantes de una cátedra universitaria. En Medicina, para determinar quién es el mejor candidato a dirigir una cátedra, se considera principalmente la tríada: asistencia – docencia – investigación.

Los considerandos de la resolución del Consejo Superior que puso en vigencia el reglamento de concursos para profesores de la UBA señalan que los concursos “tienen por objeto crear un ambiente que estimule la más intensa actividad intelectual y la mayor preocupación por la eficacia de la enseñanza”(1).

En mayo de 2005 tuvo lugar en la Facultad de Medicina, UBA, un concurso de oposición para cubrir un cargo de Profesor Titular de la materia Farmacología, en la carrera de Medicina. Se presentaron dos candidatos: uno de ellos (quien escribe), con Diploma de Honor, promedio general de su carrera de 9,50, doctorado en la UBA, especialista en Oncología Clínica (Universidad del Salvador) y Médico Farmacólogo (UBA).

También con dos Fellowships (programas de entrenamiento y especialización post-doctoral en Farmacología de Antitumorales y seguidamente, en Oncología) en el prestigioso Instituto Nacional del Cáncer de los EEUU por 6 años (beca internacional en los primeros tres años y posterior promoción), 23 trabajos científicos originales (“papers”) publicados en la bibliografía internacional, registrados en el buscador científico PubMed (www. pubmed.com), varios premios y algo más de tres décadas de docencia universitaria, profesor adjunto con dedicación semiexclusiva y reconocido en la especialidad.

El otro candidato, sin doctorado, ni promedio conocido… ni papers, es decir, sin publicaciones en la literatura científica internacional. Pero fue jefe de guardia quirúrgica en un hospital, se dedicó part-time a la docencia en Farmacología y fue por muchos años asesor médico de un laboratorio multinacional.

El decano de entonces nunca respondió ni dio curso a mi solicitud de designar veedores, como lo establece el reglamento de concursos. La entrevista con el jurado, compuesto por los profesores Rodolfo Rothlin, Roberto Diez y Carlos Baratti (este último, de la Facultad de Farmacia y Bioquímica) se realizó a puertas cerradas y sin veedores finalmente.

Lo más sorprendente fueron las palabras del jurado Rothlin: “Nunca va a ser (Profesor) Titular alguien como vos, que apoya la producción pública de medicamentos – eso sería lesivo para los laboratorios comerciales”.  Los jurados Rothlin y Diez tienen dilatados y extensos lazos con la industria farmacéutica, que continúan en la actualidad.

La clase de oposición versó sobre un grupo muy utilizado de antibióticos, que incluye a las penicilinas, y en la opinión de varios graduados y estudiantes de los últimos años de la carrera que presenciaron las exposiciones de ambos candidatos, me favoreció ampliamente en lo relativo a claridad conceptual, didáctica y contenidos.

El jurado firmó un dictamen otorgando el cargo concursado al competidor con menores antecedentes. Pedro Lipszyc, a la sazón profesor adjunto con dedicación simple. En los considerandos, diluían y citaban erróneamente mis antecedentes.

Presenté la impugnación en tiempo y forma en la Facultad, sólo para recibir un rechazo con argumentación falsa (“por extemporánea”). El consejo directivo aprobó sin debate elevar la decisión del jurado al consejo superior de la UBA, el cual rechazó la impugnación y otorgó el cargo al candidato Lipszyc sin debate.

Me presenté al INADI, con testigos de la clase de oposición indicada arriba, conocedores además del curriculum y trayectoria de ambos candidatos, donde se emitió dictamen de “discriminación ideológica” en base a los antecedentes y testigos presentados, y recurrí luego a la Cámara Federal en lo Contencioso Administrativo, donde en 2012 obtuve fallo favorable –  unánime – que declaró al concurso “inválido y nulo por discriminación ideológica”. El fallo de Cámara mereció un comentario destacado en una publicación especializada (2).

La UBA solicitó recurso extraordinario a la Corte, sin jamás demostrar error o falsedad alguna en mi argumentación. Sólo señaló que la UBA tendría una suerte de “bill of indemnity” para vulnerar la ley a su antojo, apoyándose en una mala interpretación de la autonomía universitaria: la autonomía es a los fines de la docencia, investigación y quehaceres propios de la universidad, pero no puede esgrimirse la autonomía para hacer lo que la ley prohíbe.

Recordemos que el Estatuto Universitario (3) en su artículo 1 declara a la UBA “una institución de derecho público” . Rechazado su pedido de recurso extraordinario, la UBA recurrió entonces a la Corte “en queja” y en febrero de este año la Corte Suprema falló a mi favor. Sentencia firme, tras nueve años de litigio.

Sin embargo, la UBA y su Facultad de Medicina desobedecen a la Cámara Federal y a la Corte Suprema. Una nota presentada al Decano en marzo quedó sin respuesta, y una reunión del consejo directivo de la Facultad, realizada el jueves 12 de junio, concluyó con el voto mayoritario en el sentido de no acatar el fallo de Cámara y la decisión de la Corte. La Facultad en desobediencia al Poder Judicial de la Nación.

Una petición online al decano de Medicina (UBA) reunió en pocos días unas 1700 firmas en apoyo de mi solicitud de acatar el fallo de la Justicia, reconociendo la nulidad del concurso de 2005 y sus efectos, removiendo a quien se benefició de un dictamen discriminatorio e inválido  – así probado en sede judicial – y el inmediato llamado a otro concurso por esa misma posición, con las salvaguardas de imparcialidad que la Universidad pública merece y la sociedad – que la sustenta – reclama.

Si los cargos de Profesor en la Facultad de Medicina de la UBA no son adjudicados en base al mérito académico y científico, la calidad de la docencia e investigación sufren menoscabo. El derecho de los estudiantes de tener a los mejores docentes se ve afectado, y el valor del título profesional expedido se erosiona. Si los concursos son manejados en forma opaca, y responden a decisiones de afinidad política, proximidad a grupos de poder, o si buscan obturar cualquier posibilidad de pensamiento crítico independiente, cualquier cuestionamiento a los grupos de poder económico, en particular, la industria farmacéutica, se obtiene una facultad – y una universidad – adocenada y de medio pelo.

Cuestionar un modelo hegemónico tiene un costo en la posibilidad de acceso a cargos importantes. Luego de los fallos de Cámara y de la Corte, recibí e-mails de docentes de otras facultades, señalando que les había sucedido lo mismo, pero… tenían temor de protestar, por posibles represalias. En estos días hay movilizaciones en la Facultad de Ciencias Sociales por otro Profesor (Iñigo Carrera) que según mi mejor saber y entender fue discriminado por su ideología.

La incapacidad de soportar a Profesores con talento y reconocimiento científico, pero con posiciones críticas sobre la conducción de la Facultad y sobre el modelo y prácticas imperantes en la UBA han llevado a acciones indefendibles por parte del decanato de la Facultad de Medicina, que exceden este espacio. Es de imaginar en qué marasmos se halla una universidad pública que selecciona a sus profesores por mecanismos permeados de amiguismo y discriminación.

Espero que esto sirva para alentar a tantos y tantas que han sufrido en silencio, que han callado por temor. No espero lograr que estas prácticas sean erradicadas de un día para otro, pero sí que los profesores y demás docentes pierdan el miedo a los grupos opacos que manejan la UBA.  Que se hable. Que se pierda el miedo.

1) http://www.uba.ar/download/institucional/consejo/resoluciones/1922.pdf

2) https://www.change.org/es-AR/peticiones/dr-provenzano-declare-nulo-el-concurso-y-llame-a-uno-nuevo#

3) http://www.uba.ar/download/institucional/uba/9-32.pdf

La ley 26.688, de 2011, declara de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos, materias primas para la producción de medicamentos, vacunas y productos médicos: http://www.anmat.gov.ar/webanmat/Legislacion/Medicamentos/Ley_26688.pdf

11 comentarios

  • Mati dice:

    Pedro es sin duda de los mejores docentes que tiene la Universidad de Buenos Aires de Ciencias Medicas, no solo por su recorrido como hombre de ciencia, sino tambien por su capacidad para alentar la educacion y por la motivacion y los valores que transmite a los grupos a su cargo. Es totalmente indignante lo que ocurre con el manejo de la Universidad a nivel politico, tanto como estudiante de la institucion, como como ciudadano argentino. Hace seis años ya que puedo afirmar que esto se vive a diario, y la violencia emocional que genera no pasa desapercibida ni para uno ni entre futuros colegas. La situacion es lamentable, y realmente personas como Pedro deberian ser mas abundantes en el ambiente Universitario.
    Desde ya que somos muchos los que apoyamos su idea de una mejor educacion para la sociedad en general.

  • juan sebastian dice:

    Estimado doctor. Lamento mucho lo ocurrido y doy fe que es como ud dice. Reina el amiguismo y eso pone en riesgo el nivel académico donde muchas veces falta amor a la docencia, por otro lado debe tenerse en cuenta también, la formación académica ya que deberían ser idóneos en la materia en cuestión y no jóvenes biólogos que nunca tuvieron una solida formación en la materia, y que entrando a la cátedra a participar de programas de investigación, terminan dando clases, si bien tengo respeto por el biologo no es asi en aquellos que ocupan cargos de docencia de farmacologia y mucho menos en medicina, su valedera formacion, en su campo, no les da el conocimiento que se requiere para disuadir dudas, fundamentar o responder preguntas, de farmacodinamia, farmacocinetica, adversas, efectos secundarios, y la lista es innumerable, de cosas, bajando lla calidad docente que se limita solo a leer un power , ya que este es solo un instrumento de enseñanza y no la única manera de enseñar, es realmente una falta de respeto al alumno, donde hasta aveces se enojan o molestan porque , preguntan demasiado los alumnos! Como si no tuvieran el derecho a pensar y sacar dudas. Estoy totalmente de acuerdo en la transparencia en los concursos, a ver si de una sola vez se acaba con este sistema su beneficia a unos pocos.

  • francisco dice:

    Conoci al doctor PEDRO POLITI en los años ochenta en plena formacion academica donde era ya considerado una promesa de la medicina argentina en el ambito medico y no lo digo como amigo ni conocido dado que no era ninguna de ambas cosas .sino como esposo de una de sus pacientes que acudimos a el a travez de Dr LUIS MANRIQUE ex profesor de quien escribe y con diagnostico carente dado que ninguno de los medicos que intervinieron lograroh resolver el cuadro de mi mujer fue asi que encontramos en el a un gran profesional que nos atendio e interrogo exhaustivamente en un examen clinico al mejor estilo Conan Doyle lo recordamos siempre con afecto por abrirnos un tramo mas hacia lel descubrimiento de la verdad fue asi que años mas tarde acudiendo a guardias con distintos medicos y comentarles la historia del padecimiento nos encontramos con medicos que conocian a Pedro como un GRANDE tanto como profesional como persona

  • Mercedes dice:

    Somos tantos los que conocemos la idoneidad profesional y la calidad humana del Dr Politi…. Puedo decir como médica de más de 30 años de profesión en el ámbito docente y asistencial que son pocos los académicos como él que se atreven a hablar y tomar el camino difícil en la encrucijada entre los intereses comerciales turbios y poderosos y la práctica honesta y corajuda. Antes o después deberán acatar y sino queda el precedente de la mugre que manipula los concursos. Debemos ser muchos…todos Pedro Politi y hablar.

  • ivana dice:

    Pedro polítti fuiste mi docente te recuerdo Con muchísimo cariño . Sos un gran profesional pero sobretodo una enorme persona. No cambies nunca lucha por tus convicciones somos.muchos los que admiramos. Cariños desde España
    Dra Ivana Tavasci Lopez

  • Jessica dice:

    Pedro Politi ha sido uno de los mejores docentes que tuve en la carrera de medicina de la UBA. Ético, exigente, motivador, generoso a la hora de transmitir sus conocimientos y de fomentar el estudio y la curiosidad. Siempre agradecida! A veces hay algunas grandes personas que reciben un reconocimiento diferente al reconocimiento oficial.

  • Cynthia dice:

    Lamentable la posición de la UBA Medicina, todos cómplices pro industria farmacéutica…. Tuve el placer de ser alumna del DR Politi en el año 2007 todavía recuerdo sus clases cargadas de pasión, sabiduría y Compromiso Social!!!!! Un QUIJOTE!!!

  • Estoy en un todo de acuerdo con el Dr.Políti. Admiro su tenacidad para lograr la justicia. Un verdadero ejemplo

  • clara dice:

    Estimado Dr lamento lo que está pedeciendo, pero tranquilo en algún momento se hará justicia

  • Adelante estimado Profesor, en definitiva se está, afectando a los pacientes, que soy testigo de como los trata, desde el punto de vista cintífico y humano, hay que luchar, luchar para que los alumnos reciban un conocimiento de excelencia, como se el que les brinda usted, que por lo tanto beneficia al paciente.EL PACIENTE!!!Luchar!!!!!adelante!!!!con el aprecio de siempre Carlos Ubaldo Bonifacio.

  • Lamentablemente, no solo se trata de “amiguismo”, se suma en todo caso, un elemento mucho mas significativo, que en el mismo texto atribuido a Rothlin, está enunciado: la empresa privada, la industria farmacéutica, que marcha a pié firme compitiendo con otras mucho más peligrosas. Es aquí donde deberían intervenir seriamente los gobiernos. Pero hay mucho en el medio, de dolares hablando… lamentable.

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