De Córdoba al mundo con su música alegre y reversionada

Simja Dujov es cantante, compositor e instrumentista de música klezmer. Ese estilo musical que forjó en Córdoba, su provincia natal, fue mutando y ahora recorre el mundo con temas en varios idiomas y música reversionada. Lleva el judaísmo como bandera y su bigote como marca distintiva.  

En 2008 comenzó su carrera solista. No sólo porque dejaba atrás la banda klezmer que integraba desde 2004 en Córdoba con otros 9 músicos, sino porque además viajaba a Nueva York para contactarse con la discográfica JewishDub Records, que le produjo los primeros dos discos a Matisyahu, el cantante israelí de reggae. Estuvo varios meses allá, aprendió mucho de música y comenzó a componer temas nuevos.

“Pude abrir muchísimo la cabeza. Conocer diferentes visiones del judaísmo y descubrir que se  podía correr el límite”, explicó. Luego de su visita a La Gran Manzana llegó a Buenos Aires y, tras varias idas y vueltas, pudo formar su grupo con  dos porteños, una clarinetista y un baterista, y una artista belga, violinista.

El arte puede ser difícil de explicar, pero él trata de ponerlo en palabras. “Hay un género que no se usa mucho en el país y que internacionalmente se denomina worldbeat.  No es world music, en el que tenés por ejemplo a un músico de Irlanda que toca el violín y hace música folklórica o en un Sudáfrica a un integrante de una tribu que toca el tambor. Worldbeat es una suerte de todas esas músicas del mundo pero reversionadas y con elementos actuales: beats electrónicos y fusiones”, cuenta. “También digo que hago latin klezmer, balcan cumbia o cuarteto surf. Me gusta jugar con los géneros”, sumó.

Santificarás la Fiesta es el discó que grabó y le dio gran popularidad. “Me presenté en el concurso Estudio Abierto, un programa del Gobierno de la Ciudad que hace concursos de bandas anualmente. Grabamos dos temas y después seguimos dos meses más y terminamos el disco entero”, recordó.

El título buscaba jugar con la solemnidad de los 10 mandamientos. “La fiesta, el boliche, la partuza o como la llames puede vivirse de forma sagrada. Es un encuentro con gente, donde la pasas bien, te reís, tomás, bailás y te conectás desde un lugar distinto que está buenísimo”, agregó.

Sus amores lo volvieron poliglota. Tuvo una pareja alemana y comenzó a estudiar el idioma. Luego conoció a otra chica y cambió el idioma teutón por el hebreo. Pero como le resultaba difícil optó por el idish. Habla inglés por sus viajes y portugués porque tiene familia en Brasil. Como en su banda se habla francés, por las influencias de la violinista y el manager, también tuvo y tiene que aprender esa lengua. “Lo hago por internet”, dice.

Su música le permitió recorrer países como a las bandas más reconocidas. “Todo empezó cuando me llamaron a tocar a un festival de Bélgica. Se lo conté a mis amigos y en seguida me invitaron a España para hacer una gira. Después toqué en Alemania y estuve dos veces en un festival en Texas en el que tocan 1000 bandas, entre ellos Justin Timberlake y Prince (Rogers). Era el South by Southwest (SXSW) en el que participé en 2012 y 2013. También anduvimos por Francia dos veces, en Canadá e incluso nos invitaron a Sudáfrica”, puntualizó.

“Obviamente hay un laburo muy fuerte de tocar, de grabar y de mostrar las cosas. Hay que hacerse visible, pero eso tiene su vuelta”, reflexionó. Al empezar a viajar debió abandonar su tarea de DJ en La Bomba de Tiempo. Entre 2010 y 2013 era el encargado de musicalizar las fiestas especiales que hacía esta orquesta que se convirtió en un fenómeno musical masivo.

Además de los arreglos musicales, este artista le da un gran valor a lo estético. Luce una estrella de David colgada, uñas pintadas, pelo largo con trenzas debajo de un gorro, ropa antigua y un excéntrico y prolijo bigote. “El bigote surgió cuando jugaba con una amiga hace 10 años. Además, hay algunos personajes de la historia que me gustan y que lo utilizaban como Alfredo Palacios (el primer diputado socialista de América), el pintor Diego Velázquez y Salvador Dalí”, detalló este admirador del cantautor canadiense Leonard Cohen.

Gabriel Dujovne tiene 31 años. Estudió Sociología y Artes plásticas en Córdoba. Dos años de cada una aunque no las terminó. Luego siguió con Composición musical en la que estuvo 6 años y le quedaron sólo 4 materias para terminar. Su nombre artístico surge a raíz del personaje de la película Por amor (Left Luggage). Un niño entrañable de nombre Simja, que además significa alegría en hebreo. Su apellido figura Dujovne en el documento, pero utiliza Dujov tal como era originalmente en Rusia y que significa espíritu en ese país.

“Se puede vivir de la música pero es como cualquier trabajo. El músico que no trabaja 8 horas por día en su proyecto difícilmente pueda vivir de la música. El que piensa que se trata de sentarse a tocar la guitarra en tu casa en los ratos libres está imaginando una película. Los músicos más reconocidos son obsesivos del trabajo. Se trata de querer mucho tu proyecto y que la gente te crea”, opinó.

Participó de las charlas TED y la noche del sábado 26 de abril brilló en la Feria del Libro con su actuación en “Literatura cantada”. Tanto él como el resto de los músicos debían realizar canciones a partir de distintos cuentos de autores argentinos. A él le tocó Casa tomada de Julio Cortázar. Tan bien sonó la creación que fue convocado a presentarla, en versión acústica, en el canal Ciudad Abierta.

Para agosto y septiembre tiene programadas giras en Canadá y Estados Unidos. También está grabando temas nuevos. Dice que sueña con seguir tocando, viajando y conociendo a más artistas. “Hace poco no me quisieron publicar en un diario porque el editor decía que hacía pachanga despolitizada. Y si bien no tengo un mensaje político directo, sí hay una propuesta social. Al expandir los límites y tratar de quitar los prejuicios todo se hace más sincero”, concluyó.

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