Editorial – No todo es lo mismo

La revolución de las comunicaciones, favorecida por la globalización, permitió que el mundo se convirtiera en una aldea global. Que virtualmente se acorten las distancias y que las noticias, ya sea las que se desarrollan en la esquina de tu casa o en la otro parte del globo terráqueo, queden potencialmente al alcance de tu mano (gracias a tu teclado). Pero, tal como dice el dicho popular, el árbol puede tapar el bosque. La multiplicación de fuentes de información desatada en la posmodernidad, posibilitada por el auge de canales de noticias en la televisión, por radios que cada vez cuentan con mayor infraestructura, con sitios de Internet que albergan numeroso personal a la altura de lo que otrora fuera una redacción y hasta con la inmediatez del twitter, han generado una avalancha de noticias. Un torrente de datos procesados por terceros que, en apariencia, vienen a saciar nuestro derecho a la información.

Sin embargo, tanto caudal de información, tanta velocidad, tanta carrera por la primicia en detrimento del análisis, pueden conspirar contra nuestro pensamiento crítico. Que Britney Spears se rapó, que dos periodistas de la escena local se separaron, que mataron a 1000 personas en Siria, que la inflación no se detiene o que se aprobó la Ley de Fertilización asistida, parecieran tener la misma importancia. Claramente no la tienen. Pero nos lo quieren hacer creer. Casi como una representación de la realidad, donde al caminar uno se topa con gente que duerme en la calle o familias que no tienen para comer y piden algo de clemencia, el bombardeo de noticias viene a aletargarnos. A adormecernos. A buscar normalizar lo que, de ninguna manera, debiera ser aceptado. A quitarnos, por empacho, la posibilidad de racionalizar.

Evidentemente, no debe naturalizarse que cada vez más gente duerma en la vía pública o que no tengan a su alcance un plato de comida. O que las condiciones necesarias para tener una educación que les permita desarrollarse plenamente sean una utopía.  Tampoco que en plena democracia una mujer pueda desaparecer para ser esclavizada sexualmente, que los jueces actúen a favor del mejor postor o que la policía coopte a menores de edad para hacer trabajos sucios, entre alguno de los tantos desaguisados a los que nos tienen acostumbrados los uniformados.

A su vez, para complejizar el escenario, los medios monopólicos, de uno y otro lado, tratan de dirimir su batalla dialéctica, económica e ideológica con la ciudadanía como rehén. En ese contexto, el ciudadano, aquel que trata de vivir o tristemente sólo sobrevivir, observa con un prisma distorsionado aquello que intentan esbozarle. O venderle.

Para intentar cambiar esa realidad llegó Revista Coyuntura. Para que encuentres un espacio de lectura con análisis. Con mirada crítica. Con diversión. Queremos sumarnos a tus páginas de cabecera. Queremos que puedas leer, pero también participar, de un sitio que llegó para aportar una nueva óptica. Tu óptica. Una mirada que no trata de alienar, sino despabilar. Que busca  despertar nuevas sensaciones y tratará de hacerte pensar. Finalmente, un lugar donde, a contramano de los que nos quieren implantar, no todo sea lo mismo.

 

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