Pero el amor es más fuerte

Cuando los caminos al gol parecían clausurados, cuando el funcionamiento colectivo era esquivo, cuando Benaglio se hacía gigante y desactivaba todo el peligro que acechaba a su arco, el amor propio del seleccionado argentino pudo más.

Ángel Di María cambió por gol un gran pase de Messi a dos minutos del final del suplementario y selló el pase a cuartos de final contra Bélgica el sábado.

Como todo final feliz, esta historia de amor también tuvo sinsabores en su desarrollo. Porque el conjunto europeo comandado por Ottmar Hitzfeld siguió la receta de las rivales anteriores de Argentina. Ceder el protagonismo, refugiarse cerca de su arquero y salir rápido de contra con la velocidad de Shaqiri y el pase fino de sus volantes liderados por Inler. A diferencia de los partidos previos y como irá pasando en cada instancia, sus jugadores eran más aptos, ordenados y con mayor calidad técnica.

Por eso costó tanto ese grito del final. Porque Argentina todavía no tiene un gran funcionamiento. Todavía no consigue generar distracciones, transiciones rápidas ni pases al vacío que desarmen bloques defensivos. El equipo depende de las inspiraciones individuales. Y cuando alguna flaquea, el colectivo renguea. Nuevamente estuvo ausente sin aviso el “Pipita” Higuaín. Se lo notó lento, con poco olfato y alejado de la versión goleadora que protagonizó en el último Mundial con 4 tantos.

El reemplazante del lesionado Agüero, Ezequiel Lavezzi, puso empeño y buscó por una punta y por la otra, pero tampoco fue lo punzante que se hubiera esperado. Arrancó el partido como “falso” 8 (volante por derecha) y finalmente no pesó ni en la ofensiva ni en la contención. Su ubicación en cancha pareció responder más al pedido de los jugadores de mantener el esquema (4-3-3), que a una decisión lógica de Sabella que, a último momento de la lista final, incluyó a volantes carrileros que podrían realizar mejor que el ex hombre de San Lorenzo el ida y vuelta. Además de poder darle una mano al valiente y solitario Mascherano.

El cuarto triunfo consecutivo tuvo nuevamente a los mismos protagonistas. Liones Messi fue amo y señor del equipo. Esta vez no marcó, a pesar de buscarlo constantemente. La más clara fue un  derechazo desde afuera del área que hizo recordar el golazo del colombiano James Rodríguez. Apiló jugadores, regaló gambetas, asistió con prestancia a Palacio y volvió a hacerlo a dos minutos de los penales, cuando se acababa el tiempo suplementario, para que “Fideo” Di María, de zurda y a contrapierna del arquero, selle el pase a cuartos. La FIFA nuevamente lo eligió como jugador del partido.

Más allá de los flashes y de otra gran actuación, el verdadero estandarte del equipo en el encuentro de ayer fue Javier Mascherano. Nuevamente el ex River se hizo patrón del medio y cortó en soledad hasta que Fernando Gago se enganchó en lo que pasaba promediando la etapa complementaria. Si el Jefe fue patrón de los volantes, Marcos Rojo fue el más destacado de la última línea. Aportó proyección, marca, ganas de llevar el equipo hacia adelante a pesar de sus limitaciones e inteligencia para realizar foules tácticos. En uno de ellos se llevó una amarilla que lo deja afuera del próximo partido.

Al resto de la defensa se la vio más segura y Sergio Romero volvió a mostrarse sobrio cuando tuvo que intervenir. Afortunadamente, el Ángel de Madrid, aquel que hizo una corrida mágica para que la Casa Blanca pueda quedarse con la última Champions League en el alargue, recordó sus mejores producciones y volvió a lucirse con la albiceleste. Y si bien arrancó impreciso, fue creciendo con el correr de los minutos. Begaglio le contuvo un zurdazo tremendo y unos minutos después tuvo revancha para hacer vibrar a un país entero que soñaba con ese gol tranquilizador.

Pero ni siquiera con un gol a segundos del final hubo tranquilidad. Los suizos tuvieron tiempo de generar una chance clarísima de gol con un cabezazo al palo de Dzemaili y con su respectivo rebote, además de ocasionar un tiro libre que pareció un penal por la cercanía. Pero la suerte, esta vez, estuvo del lado argentino.

A la fortuna hay que saber acompañarla. Todo equipo campeón tiene, en algún momento de la competición, ese guiño del azar. Sin embargo, no hay que confundirse. La Selección debe mejorar mucho si quiere sortear los tres partidos que lo separan de alzar la Copa del Mundo. Debe dejar de ser un cumulo de individualidades y convertirse en un verdadero equipo si quiere pasar el fatídico quinto partido que le fue imposible en las últimas dos citas mundialistas.

Para el duelo del sábado contra Bélgica, a las 13, en Brasilia no estará Marcos Rojo que será reemplazado por José María Basanta. Habrá que ver si Rodrigo Palacio se ganó una oportunidad con su ingreso y su recuperación en el gol decisivo o si vuelve a inclinarse por “Pocho” Lavezzi. Tal vez, luego de observar las falencias en el medio, Pachorra opte por sumar a un volante más y conformar un 4-4-2 que aporte más equilibrio al 11 inicial. Será cuestión de esperar. Lo cierto es que, aún con mucha incertidumbre, esta historia de amor continúa.

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