Reflexiones futboleras sobre el Cholo Simeone

Hay dos cosas en las que el “Cholo” Simeone tiene un no sé qué europeo: en el glamour con que se viste y en el apego a la minucia táctica.

Al trazo fino del trazo fino que permite competir de igual a igual en la elite de la elite. En el resto, el Cholo sigue siendo más argentino que el dulce de leche.

Sin embargo, en un hipotético ranking de carisma tendría escasa intención de voto y, sin más, consolidaría la célebre sentencia bíblica de que nadie es profeta en su tierra. Pensémoslo así: los hinchas de Boca no lo quieren porque fue entrenador de River. Los de River no lo quieren porque pese a haberlo sacado campeón después capitaneó una campaña pésima. Los de Racing no lo quieren, pese a que en rigor es un confeso simpatizante de La Acadé, porque no pudo acercarlo más que a un subcampeonato. Los hinchas de Independiente no lo quieren por razones obvias. Los hinchas de San Lorenzo no lo quieren porque asistieron a su peor versión, la versión de un Simeone enmadejado en su vida personal y en plena reformulación de su ideario.

Acaso lo quieran, al Cholo, una buena parcela de los hinchas de Estudiantes de La Plata – donde dirigió al explosivo campeón del Torneo Apertura 2006 – alguna parcela de los hinchas de Vélez, donde allá lejos y hace tiempo hizo sus primeros palotes como futbolista y eventuales amantes de la impronta de un genuino aninal de la número 5.

Lo cierto es que mucho más allá de las etiquetas y de las lógicas de predilección, Simeone ya es, a los 44 años, el director técnico argentino de mayor suceso en las grandes ligas europeas. Allí donde no brillaron ni Menotti, ni Bilardo, ni Bianchi, ni Bielsa, ni Griguol, ni Basile, ni Veira, ni Russo). Y es, por lejos, el más llamado a escribir historia grande. Más historia grande, en todo caso.

En la Argentina ganó dos títulos, en Italia salvó del descenso al Catania y en España suma cuatro títulos al mando del Atlético Madrid, cuando al momento de ser escritas estas líneas está a pocas horas de jugar la final de la Champions League versus el Real Madrid. Trae el envión de coronarse en la liga española tras empatar con Barcelona y devolver a los Colchoneros a lo más alto de la tabla como no pasaba hace 18 años cuando el Cholo era jugador.

Para los menos avisados, urge recordar que el presupuesto del Atlético Madrid no consta entre los más copiosos de un planeta futbolero en el que, por caso, en la temporada 2012/2013 el Real Madrid facturó 518 millones de euros, Barcelona 482, Bayern Münich 431, Manchester United 423 y París Saint Germain 399.

Esto es: con un plantel no de segundo nivel pero tampoco capaz de ser homologado con los grandes-grandes, el Cholo potenció al máximo sus saberes y las destrezas de jugadores que interpretan cabalmente sus premisas esenciales: el esfuerzo no se negocia, no hay rivales invencibles, nadie gana o pierde en la víspera. Mohicano del fútbol ofensivo en sus comienzos como Gran DT, astuto ajedrecista hoy, rácano y antiestético según los presuntos propietarios del buen gusto, a lo menos respetado por tirios y troyanos.

Simeone es, por si no se ha dicho hasta aquí, el principal candidato a suceder a Sabella en la dirección técnica de la Selección Argentina. Y eso, pase lo que pase en el Mundial de Brasil. Se diría, sin ánimo de incurrir en una exageración, que el Cholo y la Selección son el uno para el otro y más tarde o temprano sellarán un amor que dará de qué hablar.

(*) Periodista de ESPN y diario Olé.

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