El Santo milagroso

Nada ni nadie podrá opacar la alegría de San Lorenzo tras sumar una nueva estrella. Con el Torneo Inicial 2013 en su vitrina ya son doce títulos desde que comenzó la era profesional. Por eso, ni el hecho de haber sumar sumado la menor cantidad de puntos, ni siquiera ser el primer equipo que se consagra luego de igualar en sus últimas tres presentaciones parece importar. Mucho menos el hecho de haber sufrido hasta el último minuto para igualar 0 a 0 con Vélez, otro de las candidatos, o haberse visto favorecidos por la paridad en dos tantos entre Newell’s y Lanús, los otros perseguidores. Como dice el tango de Homero y Virgilio Expósito: “Primero hay que saber sufrir…”.

Y el Ciclón supo padecer antes de festejar. Hace tan sólo un año y medio el club transitaba una grave crisis institucional. Un pasivo enorme, una dirigencia ineficaz liderada por Carlos Abdo que debió abandonar el barco antes de la finalización de su mandato, el fantasma del descenso acechando tras un discutido partido en la última fecha contra San Martín de San Juan y la promoción ante Instituto.

“No soportamos vernos débiles. El diálogo y la búsqueda de las verdades que nos llevan a construir un proyecto común implican escuchas, renuncias, reconocimiento de los errores, aceptación de los fracasos y equivocaciones… implican aceptar la debilidad”, esgrimió en unos de sus discursos el reconocido hincha Papa Francisco.

Aún aceptándola, quisieron alejarse de esa “debilidad”. Dejar de especular e ir por los tres puntos para despertar la grandeza dormida. Así fue que el 2 de septiembre de 2012 se eligió al abogado Matías Lammens como nuevo presidente del club y a Marcelo Tinelli, verdadero autor intelectual del resurgimiento, como vicepresidente. Los nuevos mandatarios decidieron sumar a Bernardo Romeo como manager y apartar al “Bombero” Caruso Lombardi que ya había realizado con éxito su tarea. Se inclinaron por Juan Antonio Pizzi. El ex centrodelantero rosarino, que supo jugar en el Barcelona, a diferencia de su antecesor tenía un curriculum con ideas más ofensivas y mayor simpatía por la tenencia de la pelota. Sin embargo, a pesar de hacer jugar bien a sus equipos, la gloria se le venía escapando cuando parecía tenerla cerca. Le pasó con el dilapidado ascenso de Rosario Central y en el último tiempo con la dolorosa derrota de San Lorenzo contra Arsenal en la final de la Copa Argentina.

Pero el fútbol y la vida siempre dan revancha. El golpazo contra los del Viaducto hizo madurar al equipo y le dio una enseñanza importante para su crecimiento. Al punto de saber aferrarse a un empate cuando la victoria no era posible. Liderados por Ignacio Piatti en la creación, por el quite de Juan Mercier en el mediocampo y por la seguridad de Sebastián Torrico en el arco, que apareció con la contención del penal contra Boca y en el último minuto del partido contra Vélez para sacarle a Agustín Allione la pelota del campeonato, el conjunto que volverá a Boedo logró cosechar 9 partidos ganados, 6 empatados y 4 perdidos. Con 29 goles a favor y 17 en contra.

La táctica predilecta del entrenador fue el 4-2-3-1. Con una línea de volantes sostenida por una doble contención a cargo de Mercier y Enzo Kalinski o Néstor Ortigoza y en algún partido incluso Leandro “La Bomba” Navarro. Más adelantados, tres volantes ofensivos como Piatti, el ídolo del club Leandro Romagnoli y la joven estrella Ángel Correa. Como punta de lanza primero Martín Cauteruccio, más tarde Verón y luego de sus respectivas lesiones, la aparición del escurridizo y gambeteador Héctor Villalba, que sorpresivamente fue reemplazado en el partido final por Alan Ruiz.

El Ciclón, un día antes de su consagración, revalidó la conducción del club masivamente. La formula Lammens – Tinelli cosechó el 82,76% de los votos. Y así, con el club en orden, volvió a la senda del éxito que viene transitando con intervalos de 6 años desde 1995. La racha arrancó de la mano del “Bambino” Veira, siguió con la vuelta con record liderada por el ingeniero Manuel Pellegrini en 2001 y más tarde con el campeonato conseguido por el equipo que conducía  Ramón Díaz en 2007.

La extrañeza matemática se sumó a la ayuda divina solicitada por el Papa Francisco, quien confesó que rezaba a diario para ganar este campeonato. La suerte del campeón que siempre se necesita para coronar también estuvo. Pero nada hubiera sido posible sin  un plantel numeroso y de calidad que supo cubrir lesiones, mirar el arco rival más que el propio y que aprendió, en su andar, que el hecho de saber regular y e incluso sumar de a uno, como contra Atlético Rafaela o Vélez, también sirve. Por eso, por lo vivido hace pocos meses y por lo disputado que fue el torneo hasta el instante final, no sorprendió que miles de almas cuervas se unieran en un festejo interminable en San Juan y Boedo. ¡Felicidades campeón!

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