Festival Asterisco: culto a las sexualidades diversas

La consigna para este festival convocado por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación era dejar atrás los prejuicios e internarse en el mundo Lésbico, Gay, Transexual, Travesti, Bisexual, Intersex y Queer (LGTBIQ). En su primera edición, realizada del 3 al 8 de junio, las salas de cine porteñas proyectaron 130 películas alusivas a la temática.

“Dignidad es cuando la soledad de haber elegido ser – tan exactamente como sea posible – aquello que se es, duele mucho menos que elegir la falsa no soledad de ser aquello que no se es, sólo para no sufrir el tristísimo rechazo de los otros”, escribió Caio Fernando Abreu en una crónica publicada por O Estado de S. Paulo el 26 de junio de 1986.

En esa ciudad, más de 20 años después, Marina, una aspirante a actriz, compartirá departamento en una inmensa torre venida a menos con Suzana, una abogada trans que se enamorará de su colega Gil, ocultando su condición, mientras Marina se obsesione lentamente con Justine, una misteriosa cantante de un club nocturno. Otro vecino, Jay, le declarará su amor frustrado a Michelle, una prostituta, de las formas más excéntricas.

Sus historias se cruzarán en el largometraje ‘Quanto dura o amor?’, del director Roberto Moreira, con las actuaciones de Maria Clara Spinelli, Silvia Lourenço, Paulo Vilhena, Danni Carlos y Leilah Moreno. El film forma parte de la sección Av. Trans Brasil del Festival Asterisco, donde el séptimo arte rinde culto a la temática LGBTIQ por primera vez en la historia de nuestro país. El evento finalizó el domingo, tuvo proyección en cinco salas porteñas y la consigna principal era desnaturalizar.

La sección abocada al mundo trans buscó dar lugar en la escena pública a personajes que, sin ser actores, están entre nosotrxs, son ‘nuevxs protagonistas’. “A diferencia de los gays y lesbianas (quienes, poco a poco, conseguimos vencer los prejuicios y conquistar algunos derechos básicos), la población trans es discriminada, muchas veces dentro de la propia comunidad LGBTIQ”, escribe Rafael Sampaio, productor, programador y jurado de los largometrajes en competencia.

Como en el film de Moreira, en todos los demás proyectados la semana pasada la sexualidad vive latente en variadas formas, estilos y colores. Está implícita en cada personaje. Ni escondida ni vomitada, está presente igual que en otros tipos de cine, pero diferente. Se trata de una sexualidad ambigua, libre, alejada de lo universalizador, amplia, desequilibrada.

Las sexualidades que, de pronto, salen a la luz en el Festival Asterisco y se presentan en sociedad ya no son un engendro. Ni un todo incomprensible, ni el conjunto difuso y patologizado que el puritanismo victoriano represivo supo construir. Son parte de nuestras torres, barrios, plazas, bares y clubes, edificios y albergues clandestinos. Opuestas a lo implícito y también a lo explícito, insertas en la composición heterosexual obligatoria de nuestras propias subjetividades.

En la Argentina, la discusión y posterior adecuación de las leyes a los derechos y necesidades de esta población dejaron huella en lo que hace a ‘los papeles’. La Ley de Matrimonio Igualitario (26.618, aprobada en 2010) y la de Derecho a la Identidad de Género (26.743, sancionada en 2012) instalaron, afortunadamente, las demandas de diversidad sexual en medios de comunicación y agendas públicas.

Logrado ese paso, hoy la militancia LGBTIQ tiene entre sus desafíos la lucha contra una opresión incluso más cruda e invisible, para la sociedad actual, quizás similar a la que enfrentaban las feministas de la segunda ola. Si bien ya han conseguido la equiparación legal, la heteronormatividad como paradigma único vigente en la sociedad los condena a la marginalidad y espectacularización ridícula.

No son cientos de Florencias de la V, expuestos y vulnerables, los que militan. Son otros silenciosos, oprimidos, que, además de oponerse al régimen patriarcal y acompañar en esa lucha, también se oponen a la biología. Pero no se esconden, sino que salen a la luz (del cinematógrafo), se proyectan.

“Proyectar en la pantalla grande una película de temática LGTBIQ es una manera de proyectar en la conciencia de miles de espectadoras y espectadores otras realidades que ya son parte de nuestro pueblo”, afirman desde la Subsecretaría de Promoción de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos a nivel nacional.

La fiesta por la diversidad, en la que la película mexicana Quebranto de Roberto Fiesco fue galardonada como el mejor largometraje, ya terminó. Sin embargo, su función social y la opción de utilizar la pantalla grande para seguir rompiendo barreras culturales recién ha dado su primer paso. Todavía faltan muchos más. Sin dudas, abrir la mente será crucial para que siga siendo un éxito.

(*)  Licenciada en Periodismo.

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