“Este juicio debe castigar a los asesinos de escritorio”

Pocos días después de cumplirse dos años de la Tragedia de Once, hecho que se cobró la vida de 52 víctimas y dejó a 750 personas heridas, comenzó el juicio oral y público a cargo del Tribunal Oral Federal N° 2 compuesto por los jueces Gorini, Giménez Uriburu y Tassara.

Por vivir en un país donde las grandes causas demoran años en llegar a esta instancia, y hasta muchas veces prescriben sin llegar a juicio, consideramos un hecho histórico que estemos presenciando este proceso a poco más de dos años de ocurrido el trágico suceso.

El tiempo es un elemento más de los componentes que convierten a este debate oral en histórico. La cantidad de imputados y la calidad de cada uno de ellos también lo hacen inédito. Cabe recordar que se encuentran procesados cinco ex funcionarios de la gestión nacional que son parte de un gobierno que está en ejercicio: los ex secretarios de Transporte Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi, Antonio Luna, ex subsecretario de Transporte Ferroviario, y los ex titulares de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) Pedro Ochoa Romero y Antonio Sícaro.

Junto a ellos, también son jugados los empresarios propietarios y directivos de la empresa que tenía la concesión del servicio del Tren Sarmiento, los hermanos Cirigliano y una veintena de directivos de TBA (Trenes de Buenos Aires). También se encuentra en el banquillo de los acusados el motorman de la formación Chapa 16, Marcos Córdoba.

Todos los procesados llegan a esta instancia luego de que la justicia encontrara los elementos necesarios para probar su responsabilidad en el hecho que se juzga. No fue sólo la decisión de un juez, en este caso el Dr. Bonadío, quien tuvo a cargo la etapa de instrucción y que imputó y luego procesó a estos personajes. La sala federal II ratificó los procesamientos y elevó la causa a juicio.

Para entender lo acontecido tenemos que hablar de un servicio ferroviario que fue desmantelado. Que año tras año fue deteriorándose, mientras el Estado otorgaba subsidios a los empresarios que se enriquecían bajo la mirada de los organismos de control y de los funcionarios del área. Así, el servicio se convirtió lentamente en una trampa mortal.

La tragedia de Once se gestaba en los escritorios y faltaba ponerle fecha. Ocurrió el 22 de febrero de 2012, como podría haber ocurrido antes o después. El error de un humano o la falla técnica no explican las muertes. Parachoques fuera de funcionamiento, trenes corroídos por el óxido, sumado a las faltas de medidas de seguridad como las jaulas anticolisión, hubieran evitado el triste saldo del choque del tren 3772.

El hacinamiento en el que se viajaba (y se viaja) y las deficiencias de un servicio deteriorado hasta su máxima expresión convirtieron el hecho en una tragedia con las consecuencias conocidas.

Los familiares sabemos que llegamos a este momento con la tranquilidad de haber hecho todo lo que estaba a nuestro alcance para que se haga justicia. Jamás nos hemos pronunciado desde el resentimiento ni desde la venganza. Lejanos a estos bajos sentimientos nos hemos puesto de pie para reclamar justicia, memoria y verdad.

No tenemos dudas de que hoy la Justicia tiene una gran oportunidad para devolverle a la sociedad la confianza y la esperanza que parecen perdidas en un país donde los corruptos son aplaudidos mientras los ciudadanos arriesgan sus vidas en un transporte público.

La justicia tiene la obligación de aplicar todo el rigor de la ley sin distinción de apellidos, posiciones económicas o políticas. Entendemos que la sociedad tiene la mirada puesta en el devenir de este juicio al considerar que puede constituirse en un punto de inflexión  a partir del cual ser funcionario o amigo del poder no sea un pasaporte a la impunidad.

Han transcurrido las primeras audiencias, y después de haber escuchado a los procesados deslindarse burdamente y sin argumentos de la responsabilidad que les cabe, comenzamos a oír las palabras de los testigos. Hasta hubo alguno de ellos que intentó victimizarse manifestando una vez más su cinismo y perversión. Todos dicen querer justicia, pero todos han intentado lo que estuvo a su alcance para no llegar nunca a este momento. Esta actitud los demuestra, una vez más, como cobardes.

El último martes se escuchó el relato de cuatro sobrevivientes de la tragedia y, a pesar de ser una jornada cargada de dolor y conmoción, empezó a vislumbrarse la distancia entre el relato de los procesados y la realidad cotidiana de los usuarios.

Sin duda, a medida que el juicio avance la verdad se impondrá por sobre cualquier estrategia judicial tendiente a exculpar a los asesinos de escritorio, como nos animamos a llamarlos.

No esperamos más sanción que la que la ley decida imponerles. Condena para los responsables y políticas de Estado en materia ferroviaria que permitan un viaje digno y seguro para quienes día a día engrandecemos el país. Esos son los horizontes de nuestra lucha.

(*) Madre de Lucas Menghini, víctima de la tragedia.  Referente de los Familiares y Amigos de Victimas y Heridos de la Tragedia de Once.

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