La gota en el estanque

Una gota que cae en el centro de un estanque genera, aunque levemente, un oleaje que puede llegar hasta la periferia. Aunque sea de forma casi imperceptible. Por el contrario, la misma gota que cae a un lado del estanque raramente podría generar algo así. También es una gota, ínfima, la que puede hacer que un vaso, un estanque o un barril, rebalsen. Esto sucedió en los últimos días en nuestro país. Meses de problemas económicos, avance de la inflación y de enfrentamientos políticos – que fueron subiendo el tono de la discusión cada vez más – llevaron al colapso a varias provincias que dieron pie a los saqueos.

La trama de los saqueos es un poco más profunda y difícil de desentrañar de lo que parece. El paro, o auto-acuartelamiento de las fuerzas policiales en distintas provincias, dejó sin protección a la ciudadanía y permitió que grandes sectores excluidos decidan perpetrar los saqueos. Los policías, como cualquier otro trabajador, reclaman por salarios justos. No pasa sólo por la exposición a la que se someten todos los días, sino porque el avance de la inflación que “se come” literalmente el salario y reduce su poder adquisitivo. La forma de reclamo, a través de dejar de prestar servicio, produce una situación casi de anomia donde la sociedad queda librada al azar y se rompe de alguna manera el contrato social.

La falta de seguridad y el corrimiento del Estado de uno de sus roles fundamentales como es el de cuidar la vida de todos y evitar la violencia lleva a que sea la propia sociedad la que debe velar por su  seguridad convirtiéndose casi en un estado de naturaleza hobbessiano de guerra de todos contra todos. Pobres contra ricos, saqueadores versus vecinos, vándalos versus clase trabajadora. Subyace por tanto una cuestión social, casi clasista, donde dos sectores se oponen en una guerra sin sentido donde los “incluidos” o aquellos que todavía se consideran parte de la sociedad terminan defendiéndose de los saqueos de los “excluidos” que ven en esta situación la posibilidad de acceder a determinados bienes. La situación es aún más complicada si incluimos la idea de anomia en términos de Robert Merton, donde ante la falta de normas que regulan los medios de acceso social a los bienes o el incumplimiento de las vigentes, sumado a un reparto inequitativo de esos medios con una situación donde determinados sectores sociales no tienen acceso a objetivos culturales  que se transformen en deseos, lleva a que estos sectores perpetren los saqueos ante la falta de un poder regulador de la seguridad pública. En este caso, la “anomia innovativa” se produce porque el saqueador no pretende un efecto disruptivo de un orden político y social (aunque puedan ser manipulados para ello), sino que quiere los mismos bienes y consumos culturales de los incluidos, pero por otros medios.

Sin embargo, los saqueos se diferencian del robo. El saqueo hace referencia a un estado de crisis social y de exclusión donde el robo ya no es particular sino que se generaliza y es llevado a cabo por grandes sectores de la sociedad  de manera conjunta, simultánea y organizadamente. Algo de esto remite necesariamente a pensar que esta organización puede ser digitada desde algún sector, buscando desestabilizar a determinado político o bien generar una situación de caos político y social.

Si pensamos la realidad de los últimos días, Córdoba funcionó como la chispa que prendió la mecha de una bomba lista para estallar y que como reguero de pólvora se expandió a la velocidad de luz hacia otros distritos del interior. La cuestión económica no es menor. Las provincias quedan presas de una situación inflacionaria sobre la que no tienen posibilidad de incidir y que amenaza los ingresos de los trabajadores, que son pagados por las propias provincias. A su vez, la pelea por la coparticipación federal no es menor, donde la Nación decide casi de manera discrecional y la utiliza para adoctrinar o cooptar gobernadores. En última instancia, los gobernadores tienen que actualizar salarios, sin posibilidad de contar con mayores recursos y ante un escenario económico sobre el que no pueden influir, salvo aumentando impuestos, sobre una clase contributiva, que tiene una ya de por sí insostenible presión fiscal.

La cuestión política tampoco es un tema menor. En primer lugar, existe una zona de incertidumbre donde subyace la duda de si esta situación es o no provocada por sectores políticos opositores u oficialistas que buscan sacar rédito político. Por otro lado, la interna entre el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich ascendido a casi “Primer Ministro”, contra los sectores más duros del kirchnerismo con Zannini (Secretario Legal y Técnico y hombre de confianza de la Presidente) y Sergio Berni (Secretario de Seguridad), llevó a cruces mediáticos que oscilaron entre la contradicción y el doble comando. Pero sobre todo, que limaron las bases de la recién asumida Ministra de Seguridad María Cecilia Rodríguez y dejaron desamparadas a las provincias. El Estado Nacional debe garantizar la seguridad de todos los ciudadanos, en conjunto con las provincias. La no prestación del servicio, por los paros policiales, debería ser suplido por el rápido accionar de Nación, no para salvar a un gobernador, sino para cuidar a la ciudadanía. La Gendarmería, la fuerza de seguridad en manos del Estado Nacional, fue utilizada  bajo un sistema de premios y castigos para los gobernadores (e Intendentes), lo que generó una situación de pánico en las provincias en conflicto y que dio vía libre para la amplificación de los saqueos.

El esquema de seguridad que en todo Estado democrático debe garantizar y asegurar la paz social terminó convirtiéndose en un simple regulador de la violencia, permitiendo que sean los propios ciudadanos los que intenten protegerse de los saqueos, tal como ocurrió en Tucumán. El Estado no puede abandonar nunca su función básica de cuidar la vida de los ciudadanos y mucho menos dejar en manos de los propios ciudadanos esta tarea generando una situación de enfrentamiento social como ocurrió en los últimos días.

Para concluir, diciembre es el mes del aguinaldo, de las fiestas de fin de año y donde se catalizan y condensan todos los problemas acumulados en el año como el descontento social y la falta de respuestas. El reclamo salarial de la policía, quien hizo un uso estratégico del tiempo (nanotiming) y prefirió hacerlo en uno de los meses más sensibles para el imaginario popular, fue la gota que rebalsó el vaso. Pero la gota cayó en la periferia y no en el centro porque los saqueos y los problemas más importantes no se dieron en Buenos Aires ni en el conurbano bonaerense como en otras oportunidades y evitó, así, que la cuestión tuviera una relevancia nacional y política de grandes magnitudes. Quedó limitado a cuestiones provinciales, que sólo fueron cubiertas por medios locales o medios opositores al gobierno nacional evitando un estallido generalizado a gran escala.

Por lo tanto, si bien la gota no generó un oleaje hacia el centro, al menos obliga a repensar la cuestión de la seguridad, de los salarios de las fuerzas de seguridad y sobre todo el aspecto cultural sobre la exclusión de grandes sectores sociales. Aquellos que frente a esa situación terminan encontrando en este accionar violento, capaz  de generar el caos que pone en riesgo la paz social, un medio legítimo para acceder a determinadas cuestiones y bienes.

(*) Licenciado en ciencia Política y profesor UBA.

 

 

 

 

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