Menor poder adquisitivo y más conflicto social, el saldo de la sábana corta

Hay un famoso dicho en la economía que dice que cuando el Estado empieza a intervenir sobre las variables macroeconómicas se vive bajo una sábana corta: al taparse el cuerpo se tiene frío en los pies, pero al taparse los pies se tiene frío en el cuerpo.Esta frase, lejos de rechazar la intervención del Estado en la economía, significa que la decisión económica que se tome implica siempre una opción política y que alguna variable se verá perjudicada. El tema es cuál.

Escenas del capítulo anterior

El final de 2011 – luego de la victoria de CFK – vino con algunas novedades en materia económica. Las dificultades en el sector externo e interno (achicamiento del superávit de cuenta corriente y de las cuentas fiscales) empezaban a manifestar la falta de cambios estructurales que ha llevado a nuestro país a reiteradas crisis a lo largo de su historia.

Esto por supuesto no significaba que no había nada  que hacer ni mucho menos insinuaba una inmediatez de la crisis. Enseguida el Gobierno tomó una serie de medidas que se fueron profundizando hasta fines de 2013: la obligatoriedad para las empresas petroleras y mineras de liquidar sus divisas en el país, la quita de subsidios a diversos sectores de la economía (que no se aplicó al transporte por el trágico choque de Once) y, por último, el incremento del control del mercado de divisas.

Mientras el tipo de cambio real se apreciaba (cada vez era más barato comprar dólares), el crecimiento económico exigía una mayor magnitud de importaciones que se explicaban por las necesidades de la industria pero también por el consumo de energía y los viajes al exterior (el déficit de energía llegó a 6.300 millones de dólares y el de la cuenta turismo casi alcanzó los 6.000 millones de U$D en 2013).

La apreciación del dólar preocupó a los exportadores (dado que reciben menos pesos por cada dólar exportado). Esta preocupación fue recibida por el Gobierno como una desestabilización y la propia Presidenta de la Nación respondió que “los que quieren ganar plata a costa de la devaluación y del pueblo van a tener que esperar a otro gobierno”.

Pero el dilema del Gobierno reside en que necesita los dólares para cubrir los diferentes gastos en divisas (por ejemplo, este año los vencimientos de la deuda alcanzan los 10.000 millones de u$d) y sabe que un tipo de cambio más depreciado tiene un impacto directo en los precios de los alimentos (y por lo tanto en la inflación y en el conflicto social); pero los exportadores no quieren exportar si no hay un tipo de cambio que les convenga.

Mientras el Estado no intervenga de forma contundente en el mercado externo, el gobierno se ve obligado a negociar con estos sectores muy concentrados. Por ejemplo, 35 grupos económicos controlan –sólo en la provincia de Buenos Aires- casi 2 millones de hectáreas, 20 empresas controlan el 50% de las exportaciones argentinas, ocho empresas multinacionales explican aproximadamente el 90% de las ventas de soja al exterior.

Las variables objetivo

Esta situación llevó a que desde el año pasado el gobierno comience a depreciar de a poco la moneda. Los exportadores, en este contexto, decidieron esperar para comercializar los granos a la espera de mayores ingresos en el futuro. Esto explica la incesante caída de las reservas que se produjo durante enero y febrero. Finalmente, el gobierno dio el brazo a torcer y realizó una devaluación que llevó el dólar de 6,7 a 8 pesos (19%).

El Gobierno optó en la sábana corta. Su variable objetivo será la estabilidad monetaria. Por eso realizó la devaluación y también por eso está centrado en la negociación con el Club de París y el visto bueno del FMI (que exigía la normalización del INDEC). Al mismo tiempo elevó la tasa de interés  y realizó políticas monetarias contractivas con el fin de quitar liquidez al mercado.

Pero lo que queda al descubierto es la inflación y el nivel de actividad.

El primer paso se ha dado

El sinceramiento de la inflación del INDEC (3,7% para enero que anualizado es más del 50%) y la posibilidad –cada vez más concreta- de que el Gobierno aumente las tarifas de los servicios públicos llevan a que el tema central de estas semanas sean las paritarias.

Si la primera paritaria del año cierra – de manera unilateral – en un 22% y esto se repite en el resto de las negociaciones salariales, podemos adelantar que 2014 vendrá con una mayor conflictividad social bajo el brazo dado que los trabajadores tratarán de no perder capacidad de compra.  Así, en caso de caer el salario real, el nivel de actividad se verá afectado. Al parecer, estas son las variables que el Gobierno piensa dejar sin cubrir por la sábana corta.

Si bien el gobierno pretende realizar medidas compensatorias como el programa Precios Cuidados y el plan PROG.R.ES.AR., mientras no haya una fuerte intervención sobre la estructura del comercio exterior e interior, estos tendrán un efecto más en el plano simbólico que en el económico.

(*) Economista, miembro del Instituto de Política y Economía “Siglo21” – tw: @igalkej

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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