“A nadie le importan las mujeres violadas”

La sentencia del título es fuerte. Mucho más si quien la pronunció es María Elena Leuzzi, madre de una víctima, titular de la ONG Ayuda a Víctimas de Violación (A.VI.VI) y coordinadora del programa de atención a víctimas de delitos sexuales que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidió cerrar el 2 de enero. Revista Coyuntura se comunicó con ella para interiorizarse de lo sucedido y conocer cómo sigue el tema.

“Luego de lo vivido por mi hija Candela en 2001 recorrimos muchos caminos. Había muchas cosas que desconocíamos porque uno siempre piensa que a uno, o a los suyos, no les va a pasar nada. Pero no hay vacuna contra ésto. Fue largo el proceso pero finalmente llegamos al juicio y a la condena. En ese momento, nos abrazamos y dijimos que teníamos que hacer algo por el resto de las chicas”, contó Leuzzi.

Realizaron muchos trámites, buscaron gente idónea, se capacitaron y el 24 de junio de 2003 comenzaron, a pulmón y de forma gratuita, la difícil tarea de ayudar correctamente a las víctimas de violación con la inauguración de la organización no gubernamental A.VI.VI. En esta década y meses que llevan de existencia colaboraron con más de 10 mil víctimas.

Su tarea era tan importante para las chicas y para los menores – que creían que el sentido de la vida estaba pulverizado después de lo sucedido – que decidieron contactar a Gabriela Michetti en 2007 en plena campaña presidencial y legislativa, en el caso del PRO. “En 2008, después de asumir, me llamaron y nos ofrecieron trabajo en la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Ciudad. Comenzamos a trabajar junto a Helio Rebot en Cerrito 268, en el octavo piso. El lugar era muy privado, cuidado, con computadora, escritorios y juguetes para los chicos, que los necesitaban para sentirse más a gusto y poder contar a los profesionales lo vivido. El funcionario, además, era una gran persona”, describió Leuzzi. “Me nombraron coordinadora y conmigo entraron a trabajar dos abogadas, una psicóloga y una asistente social. Y mi hija se sumó en la parte administrativa”, agregó.

El doctor Edgardo Berón tomó el puesto de Subsecretario de Derechos Humanos en lugar de Helio Rebot que pasó a la Legislatura porteña el 10 de diciembre de 2009. Berón, licenciado en Comunicación, escritor y periodista también colaboró con la tarea. Pero su mandato fue corto y lo reemplazaron por Claudio Avruj, quien era director general de Relaciones Institucionales.

“El cambio fue en 2012 y desde ese momento todo fue espantoso. Comenzó a desmantelarnos. Primero nos mudamos a Rivadavia 611, piso 10, y allí empezamos a sentir que ya no formábamos parte de la Subsecretaría. El lugar era inapropiado para la tarea que hacíamos porque no había privacidad. En la puerta, por ejemplo, les hacían sacarse fotos y registrarse con nombre y apellido. Cuando es sabido que a las víctimas no les gusta exponerse. Al llegar había 40 o 50 personas en sólo 20 metros. Sólo nos separaban los armarios y teníamos un solo escritorio con una computadora. Con lo cual se escuchaba todo. No teníamos ni a donde poner la cartera así que la apoyábamos en el piso”, explicó Leuzzi.

“El 2 de enero me comunicaron por teléfono que cerraban el programa por falta de presupuesto. Luego, por Twitter, Avruj escribió que nosotras no cumplíamos el horario de trabajo pero siempre estuvimos en todos los turnos. No todas, porque el trabajo social se hace en la calle. Había que ir a un hospital, a una fiscalía, acompañar en una cámara Gesell, entre otras tareas”. “Cuando me lo dijeron no sabía cómo transmitírselo a la gente con la que veníamos trabajando. Como el asunto tomó estado público a través de los medios, las víctimas me contuvieron a mí. Fue una gran paradoja”, sumó.

En los 5 años que duró el programa ayudaron a más de 3000 mujeres y varones. “La tarea que hacíamos consistía en llamar a la persona que había sido atacada o algún familiar para ayudar a contener y darles una entrevista. En el encuentro se les ofrecía acompañamiento legal y/o tratamiento psicológico para ella o quien lo necesitara de su familia. La víctima elegía cómo continuar. Si traía la denuncia, la veíamos y la acompañábamos a la fiscalía para que vean la causa. El procedimiento era igual al que hacíamos con A.VI.VI. La única diferencia era que al integrar el gobierno no podíamos ser patrocinantes de las víctimas, mientras que en la ONG sí las podíamos patrocinar”, resumió.

Ningún representante del Gobierno Nacional se comunicó con ella tampoco. Dice que, aunque Mauricio Macri se lo pidiera, tampoco sabe se volvería a su puesto de trabajo. “Si ya nos venían maltratando sería mucho peor si volviéramos. Además, ya fui perseguida por la dictadura y no me interesa repetir la experiencia”, contó.

El futuro cercano, entonces, la tiene nuevamente trabajando full-time en A.VI.VI. Aunque su tarea no le revista ningún ingreso y se sienta con muchas menos fuerza. Se define como una italiana sin estudio, católica, que intentó formarse cada vez más para saber cómo actuar y que, a pesar de todo, está agradecida a la vida porque su hija está viva y junto a ella. “Muchas no lo están después de lo que vivieron”, concluyó. Esta luchadora incansable que se siente endeble, además del trabajo, necesita lo que siempre le ofreció a las víctimas: abrazos, cariño y palabras de contención.

 

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