Esclarecen el asesinato del veterano de Malvinas quemado vivo

La fiscal de Berazategui, Silvia Borrone detuvo a tres acusados. La ex esposa de Héctor Barraza -la víctima-, planificó el crimen junto a su pareja y el cuñado de éste. Las escuchas telefónicas permitieron llegar a los autores del horroroso crimen envuelto en una historia de engaños con un móvil económico.

Héctor Jesús Barraza (52) era veterano de Malvinas, en cuya guerra se embarcó en el portaviones Veinticinco de Mayo. Sus compañeros lo llamaban “El Pájaro”. Hasta su muerte, fue vocal del Centro de Veteranos de Guerra de Florencio Varela. Estaba separado de su mujer, Estela Del Valle Figueroa (42), con la que estuvo casado 15 años. No tenía hijos y vivía solo en una casa que había terminado de construir en el barrio La Sirena, en Florencio Varela.

Barraza trabajaba como portero en una escuela y recibía dos pensiones. Su situación económica era muy buena y sus intenciones con su ex, también. No había vuelto a rehacer su vida y pensaba en volver con Figueroa a quien mantenía enviándole dinero todos los meses. Pero nunca supo que la amorosa relación que creyó tener fue un engaño que terminó con su vida.

El 19 de enero, su Renault Sandero Stepway modelo 2011 apareció completamente incendiado en una plantación de soja en la zona rural de El Pato, partido de Berazategui, a pocos metros del límite con Florencio Varela.

Un ciclista que entrenaba en el lugar dio aviso a la policía. En el baúl hallaron un cuerpo calcinado. Y, en el piso, la patente del auto. Rápidamente supieron que se trataba del vehículo del héroe de Malvinas, pero debían confirmar la identidad del cadáver. Ninguno de sus familiares tenía noticias de él. Días después, el ADN indicó que el perfil genético pertenecía a Héctor. La autopsia confirmó que tenía un traumatismo de cráneo y que lo habían quemado vivo.

La fiscal Silvia Borrone, de la UFI 4 de Berazategui, se encontró con un caso en el que las pistas para llegar a los autores parecían desvanecidas. Sin embargo, a pocos días de iniciada la investigación, ya tenía una sospecha, y comenzó con una ardua labor de siete meses de escuchas telefónicas.

Figueroa estaba de novia hacía unos meses con un hombre mucho menor que ella: Javier Alejandro Ponce Luque (25). A nombre de él, ocho días después del crimen de Héctor, un abogado se presentó en la fiscalía para pedir la eximición de prisión. El dato llamó la atención porque aún no había llegado la confirmación oficial del ADN.

Un mes después del asesinato, Figueroa decidió usurpar la casa de Héctor. Rompió las cerraduras e instaló a toda su familia allí. También intentó cobrar el seguro del auto. Mientras tanto, uno de los hermanos de Héctor fue asaltado. Ingresaron delincuentes a su casa y le pedían dinero con datos precisos: “Estela (Figueroa) nos dijo que vos tenés plata”.

Las escuchas telefónicas

Pronto, las mentiras de Figueroa comenzaron a descubrirse. Las escuchas telefónicas demostraron que ella había planificado el crimen para quedar como la única heredera de Héctor.

Figueroa y Luque habían cambiado sus chips telefónicos dos días antes del hallazgo del cuerpo. Ella recibió un mensaje de texto de un hombre: “¿para cuándo está mi parte?”. La DDI de Quilmes, que tenía intervenido el teléfono descubrió la identidad de emisor: Néstor Ramón Jara, cuñado de Luque.

Jara, separado de su mujer, recibía llamadas de ésta recriminándole la entrega de dinero: “Buscate un trabajo rápido, sin robarle a la gente”. En medio de la discusión, su ex mujer le dijo: “Por lo menos, yo no maté a nadie”.

El viernes 22 de agosto, se realizaron diversos allanamientos y tres detenciones: la de Figueroa, Luque y Jara por “Homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas”. Ellos golpearon, introdujeron al veterano de Malvinas en el baúl y prendieron fuego el auto, quemándolo vivo.

Figueroa, además, tiene una causa por usurpación y otra por robo (a la casa del hermano de la víctima) en Florencio Varela.

Las contradicciones de Figueroa

El ciclista que avisó a la policía sobre el auto incendiado en la plantación de soja declaró que lo había visto un día antes, es decir el sábado 18 de enero por la mañana, pero no había podido llamar al 911. Los familiares indicaron que el último contacto que tuvieron con Héctor fue el 16.

El 17 de enero, Figueroa y Luque comenzaron a utilizar chips telefónicos nuevos. Y se fueron a la casa de unos familiares. La autopsia estimó que Héctor murió entre el jueves 16 y el viernes 17. Y ese dato lo terminó confirmando Figueroa. Ella, tras haber usurpado la casa de su ex marido, realizó una denuncia porque los familiares de éste “la molestaban”. E indicó la fecha de muerte de Héctor: 17 de enero, un dato que ella no podía saber si es que no era la culpable.

Después del engaño, la justicia

Tras el crimen, sus compañeros de la Asociación de Veteranos de Florencio Varela, lo recordaron con un homenaje en un video que pude verse aquí: https://www.youtube.com/watch?v=mjo5EBKwvS8 en el que pedían justicia.

En ocho meses, los familiares del ex combatiente, tuvieron la justicia que pensaron que nunca llegaría porque en la escena del crimen se habían borrado todo tipo de pruebas. Y destacan la labor de la fiscal y el personal de la DDI de Quilmes para desandar el camino que hicieron los asesinos y encarcelarlos.

(*) Periodista especialista en policiales.

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