Malvinas: Memoria y soberanía

La militarización de la zona de Malvinas por parte del Reino Unido pone en peligro a la región e ignora que América del Sur es una zona de paz y donde está prohibida la provisión de armas nucleares.

 A partir de esta situación de colonialismo sobre el suelo argentino se impide el libre ejercicio de la soberanía argentina en la totalidad de su territorio, y simultáneamente se ejerce una amenaza armamentista que también afecta al pueblo latinoamericano.

Está claro que el gobierno británico, con la excusa del presunto objetivo de tener allí una base militar con alta tecnología para defenderse de la Argentina, quiere controlar la Antártida, el Mar Austral y el paso entre el Atlántico y el Pacífico. Por eso no fue menor el compromiso expresado por los representantes regionales, en nombre de la Celac, para respaldar los legítimos derechos de la Argentina sobre las Islas Malvinas y el interés de los países de la región en que el gobierno nacional y el del Reino Unido reanuden las negociaciones a fin de encontrar una solución pacífica y definitiva de conformidad con los pronunciamientos de Naciones Unidas.

La causa Malvinas es por esencia latinoamericana ya que la territorialidad que defendemos es de América latina y el Caribe, recordando que la postura del bloque de países pasa por reafirmar la necesidad del cumplimiento de resoluciones de Naciones Unidas sobre Malvinas y mantener el apoyo al reclamo argentino.

El Reino Unido negoció con el régimen de facto argentino y, a pesar de que existen más de 40 resoluciones de las Naciones Unidas, manifiesta una y otra vez su rechazo al diálogo con los gobiernos democráticos. Con esta actitud, lo que realmente se busca es la depredación de los recursos naturales, ictícolas y marítimos y la búsqueda indiscriminada de petróleo, sin ningún tipo de control y sin medir las consecuencias ecológicas en un territorio de 3 millones de kilómetros cuadrados.

El 24 de marzo es un día en que los argentinos hacemos un acto de reflexión revisando nuestra historia reciente. Ese ejercicio de memoria y de defensa de los derechos humanos nos fortalece como sociedad para no volver a permitir que el autoritarismo y la intolerancia desvirtúen los intereses de la voluntad popular. El genocidio iniciado por los militares y sus apoyos civiles con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 continuó de algún modo en Malvinas.

Esos mismos militares que nos llevaron a la guerra hoy son juzgados por delitos de lesa humanidad. Quizás por eso también los casos de maltrato a los propios soldados en la guerra fueron parte de una realidad resistida durante años. Es por eso que el camino de verdad y justicia debe profundizarse también en relación a los que nos pasó durante aquellos días.

La multitudinaria marcha por el 38º aniversario del golpe cívico militar fue conmovedora por su convocatoria y  por la participación de tantos jóvenes marchando con estandartes, remeras y banderas que los identificaban con Malvinas. Las nuevas generaciones sienten como propia esta causa y militan por esa parte de nuestro territorio con el mismo entusiasmo y pertenencia que despierta el compromiso frente a la historia reciente.

En este contexto, cobra relevancia el texto leído en el acto de la Plaza de Mayo por parte de los organismos de derechos humanos quienes volvieron a reclamar que hay otra causa que debe avanzar: la que investiga los delitos de lesa humanidad cometidos en la Guerra. Esos crímenes no pueden quedar impunes.

Apoyamos el compromiso del Gobierno Nacional por defender la soberanía argentina de manera pacífica a través del diálogo. Los ex combatientes que creemos en la defensa de los derechos humanos y quienes nos sentimos más integrados en esta misma lucha que nos permite revisar la historia con Memoria, Verdad y Justicia nos proponemos hablar y evocar el pasado pensando siempre en la construcción del futuro.

En este 32º aniversario del inicio de la guerra se abre una nueva puerta  en la búsqueda por la verdad de nuestros héroes que quedaron en Malvinas  con la posibilidad de la identificación de los 123 NN que están sepultados en el cementerio de Darwin. En abril de 2012 la Presidenta anunció que se transformaría en una política de Estado. Una comisión interdisciplinaria avanza en la recolección de las muestras de sangre de los familiares de los caídos, paso previo para obtener el ADN necesario para el reconocimiento.

El reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas que tiene nuestro país desde 1833, avasallado por la posesión colonial de Gran Bretaña, que por historia y derecho nos pertenecen, es constante y legítimo. Buscar la verdad sobre lo vivido en la guerra nos ayuda a ir reconstruyendo, a pensar y a reflexionar sobre los errores y los aciertos de nuestra propia historia.  La que nos conforma como argentinos.

En estos años recordamos a los que murieron en nuestras islas, a los que por la indiferencia y el olvido se quitaron la vida y a los familiares que perdieron a sus seres queridos. Nuestros muertos serán siempre héroes y una asignatura pendiente de una sociedad que ocultó por años lo que más le duele. La memoria histórica es la recuperación de la verdad desde las experiencias vividas y en este sentido seguimos en la lucha por la memoria de Malvinas.

La vivencia de la guerra padecida por los soldados y colectivamente por nuestra sociedad sirve para realizar aportes en la reconstrucción de nuestra identidad. El desafío es seguir trabajando para aplicar la justicia ante la impunidad, el reconocimiento ante el olvido y no claudicar en la recuperación definitiva de la soberanía en las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur por el único camino posible, el de la paz.

(*) Periodista y soldado ex combatiente de Malvinas

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