Prohibición = Opio de los pueblos

“La mercancía es, en primer lugar, un objeto exterior, una cosa que merced a sus propiedades satisface necesidades humanas del tipo que fueran. La naturaleza de esas necesidades, el que se originen, por ejemplo, en el estómago o en la fantasía, en nada modifica el problema. Tampoco se trata aquí de cómo esa cosa satisface la necesidad humana: de si lo hace directamente, como medio de subsistencia, es decir, como objeto de disfrute, o a través de un rodeo, como medio de producción”.

El Capital / Tomo 1 / Karl Marx

Julio Calzada no es Karl Marx y Uruguay no es la Comuna de París. Simplemente se trata del titular de la Junta Nacional de drogas de ese país y la persona encargada de presentar el proyecto de regulación de la marihuana que, por estos días, se convirtió en ley y ubica a la región a la Cabeza de la vanguardia progresista en materia de políticas públicas. En diálogo con Revista Haze explicó los potenciales alcances de la iniciativa.

Con el proyecto se llevaron puesto un debate previo en torno a la marihuana que es la normalización de la sustancia, ¿se pueden comparar alcohol y marihuana desde esa perspectiva?

Desde el punto de vista social podríamos decir que ambas sustancias están normalizadas en el sentido de que es legítimo y normal consumirlas. Nosotros usamos la palabra regular porque partimos de una hipótesis que dice que el mercado de las drogas legales (distribución, acopio y expendio) está totalmente desregulado, al igual que cualquier otro mercado legal. Entonces hay mercadotecnia y operaciones de las industrias que tienen un único fin: maximizar sus ganancias y ampliar su mercado. Ahora, ¿Se puede manejar de esa misma forma el alcohol y la marihuana? No. porque son productos sustancialmente diferentes. Estamos en un proceso que entiende que estos son productos no ordinarios y hay que apuntar a quitarles valor mercantil. Que permanezca su valor de uso pero que no se vea inmerso en la cadena de tomar valores de cambio porque se trata de productos que generan daño.

¿Cuál cree que será el impacto social?

La discusión sobre la marihuana muchas veces fue banalizada y bastardeada. Hoy se discute en las paradas de los ómnibus, en las estaciones de servicio, en los cuplés de las murgas y en la mesa de la familia. Se abrió una caja de pandora y lo que importa es que esté abierta. Si un padre no tiene muy en claro qué responderle a un hijo entonces seguramente tendrá que informarse y buscará cómo tener una información necesaria para sortear esos desafíos. Quienes saben más del tema son los usuarios y esos usuarios, según como están planteadas las relaciones de consumo hoy, son muchachas y muchachos adolescentes. Estamos discutiendo el tema sobre nuevas bases y no desde una perspectiva meramente punitiva, oscurantista, moral o ética.

¿Cómo es esa muchachada?

Nosotros tenemos un 33% de adolescentes que sufren intoxicaciones agudas de alcohol y esto es importante para analizar una situación global porque lo que también nos dice es que hay un 70% que no tiene problemas. Es cierto que para los medios la noticia es el 30 y no el 70 y siguiendo esa línea de razonamiento también podemos decir que el 85% de los adolescentes no consume marihuana. Con esto quiero decir que si tenemos un 70% que no tienen comportamientos de riesgo no podemos pensar una política orientada sólo a ese 30% y generalizarla para todos sino que necesitamos políticas diferenciadas. De todas maneras, el uso problemático está muy asociado a la baja percepción del riesgo. Muchas personas entienden que el alcohol y la marihuana son sustancias inocuas y ninguna sustancia que altera la conciencia y tiene efecto sobre reflejos y percepciones lo es. Hay una cantidad de desafíos que están con ley o sin ley. La norma lo que hace es dar respuesta a fenómenos que ya están consolidados porque el consumo de marihuana es legal en Uruguay, lo que está penalizado son las formas que tienen las personas para realizar ese acto legal. Tenemos una incongruencia las personas para realizar ese acto legal. Tenemos una incongruencia jurídica que afecta los derechos de las personas.

y alienta el negocio ilegal…

Sí. El otro tema relevante es el tema del narcotráfico y la forma de desarticularlo es quitándole la base en la que se sustenta (N. de R.: se cree que sólo en Uruguay el negocio de cannabis mueve 30 millones dólares al año). La propuesta del presidente es dar cuenta de estos aspectos, regularizar este mercado que existe y que en vez de ser controlado por el narcotráfico sea controlado por el Estado. Se trata de organizaciones criminales que en función de una actividad sumamente lucrativa genera inmensos fondos que después son desviados a otro tipo de actividades ilegales como la trata de persona, armas u órganos, lavado de dinero y corrupción. Le vamos a quitar espacio económico regulando la producción y el expendio para que cada peso que le quitemos al mercado ilegal pase a manos del Estado.

EL PROYECTO

¿Cómo será la producción?

El proyecto contempla una producción por licencias con control y regulación estricta por parte del Estado. Habrá licencias para acopiar y distribuir y para expender. Quienes quieran ser miembros de los clubes deberán registrarse y tener la licencia correspondiente para plantar y lo mismo ocurrirá con los autocultivadores.

¿Cómo será el control en el caso de los cultivadores?

-En todos los casos habrá registros innominados y se va a trabajar con un banco de variedades acotado. Eso nos permitirá hacer una trazabilidad de la genética. Es importante para que lo que se produzca legalmente no termine en el mercado ilegal, ni en el Uruguay ni en los países limítrofes.

¿Cómo se determinarán las variedades?

– Por concentración de THC y CBD. Trataremos de homogeneizar la producción. Este es un proyecto sanitario, entonces, la idea es que el perjuicio a la salud sea mínimo. Buscaremos un máximo de 12% de THC. Se producirán semillas en el Uruguay y seguirá la prohibición de manipular semillas compradas en el extranjero.

¿Van a meterse en las casas de los cultivadores para saber que sembraron?

-No. Va a funcionar la ley penal como hasta ahora. Si van a tu casa y te encuentran 6 plantas pero no están dentro de las variedades permitidas, lo más probable es que te saquen las plantas, pero no habrá detenciones. Ese supuesto ingreso a los domicilios, seguirá siendo a través de una denuncia. Se permitirán 6 plantas por hogar y no por persona adulta y está permitido el cultivo indoor. En hogares con menores se puede tener plantas.

¿En el caso de los clubes?

Los clubes podrán tener un mínimo de 15 integrantes y un máximo de 45 y podrán tener hasta 99 plantas por club. Buscamos evitar clubes populosos para que no desarrollen poder de mercado.

(*) Editor en Revista Haze. Esta nota ha sido publicada y compartida por Revista Haze – www.revistahaze.com

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