Argentina, un candidato que debe mejorar

Argentina es uno de los cuatro candidatos a ganar el Mundial (los otros tres son, en orden impreciso, Brasil, España y Alemania), pero para eso deberá contar con un equipo capaz de potenciar a Messi y de un Messi capaz de iluminar al equipo. En esa dialéctica se inscriben las preocupaciones del seleccionador Alejandro Sabella.

Si el Mundial fuera dentro de algunas semanas, el equipo saldría de memoria: Romero, Zabaleta, Fernández, Garay, Rojo, Gago, Mascherano, Di María, Agüero, Messi, Higuaín. Sí, claro, más de cuatro argentinos preguntarán: ¿Romero? ¿Por qué Romero? O bien: ¿No hay mejores defensores centrales que Fernández y Garay? ¿Y por qué Rojo? Y si le fuera dado a responder, Sabella diría que no ve en el horizonte un arquero superior a Romero, por más que esté en baja forma y sea suplente en el Mónaco; y que con el tándem Fernández-Garay lleva dos años de trabajo y que tampoco ve en el horizonte un gran defensor hoy ausente. Que no ve un Passarella, ni un Ruggeri, tampoco un Ayala, etcétera. Y que, además, en la Argentina de estos días faltan dos cosas: una moneda estable y marcadores de punta destacados.

Y la verdad es que no le faltaría razón al DT, del mismo modo que tampoco les falta razón a quienes creen que la Selección sufre de cierta bipolaridad: es temible en la ofensiva y mete miedo en la defensa. Su transición defensiva es endeble. Si pierde la pelota, queda muy estirado en el campo. Agrietado. Se trata de un déficit estructural que podría zanjarse con contribuciones individuales idóneas. Pero no las hay, así como tampoco hay, hasta aquí, esfuerzos bien orientados de los delanteros, cuya tarea como primera línea de defensa es vital en una formación con tantos cracks calle arriba.

Para peor, el medio centro compuesto por Mascherano y Gago padece el poco rodaje del primero (que en su equipo suele jugar en la cueva) y las continuas lesiones del segundo. Otra dificultad relativa se entrevé en un recambio de lo más terrenal. Para Mascherano, Biglia. Para Gago, acaso Banega, acaso el veterano Esteban Cambiasso, que podría ser convocado para el amistoso versus el representativo de Rumania que se disputará en marzo. Es que, contra lo que pueda pensarse, la Selección Argentina tiene varios cracks y un fuera de serie, pero su banco de suplentes no dice demasiado.

Los arqueros de relevo serían Andújar y Orión. Los defensores, Campagnaro, Coloccini, Basanta y, tal vez, Otamendi. Tres suplentes de la primera fila de eventuales enroques son el polifuncional Maxi Rodríguez y los delanteros Ezequiel Lavezzi y Rodrigo Palacio. Porque, ya se sabe, salvo que ceda a presiones variopintas, Sabella prescindirá de Carlos Tevez, un espléndido futbolista de un temperamento levantisco que podría generar brumas en un vestuario hoy cristalino y apacible. Es que uno de los mayores capitales de que dispone hoy la Selección Argentina es una sincera amalgama de juramentación entre el cuerpo técnico y los jugadores.

“Armamos un grupo, eso vale oro”, suele decir el preparador físico, Pablo Blanco. Y sí, en efecto, Sabella, Blanco y los demás han armado un grupo. Y de ese grupo, un equipo competente, que estuvo dos años sin perder un partido oficial, pero que, sin embargo, para llegar lejos en el Mundial tendrá que dar un enorme salto de calidad. En este sentido, la buena noticia supone registrar que todos, absolutamente todos los campeones de los mundiales se agigantaron con la competencia en marcha. Los otros, los que llegaron a la cresta de la ola antes de tiempo, o se sintieron campeones en la víspera, esos mordieron el polvo.

(*) Periodista de ESPN y diario Olé.

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