¿Cuál es el nudo de nuestra soledad?

De todo hombre sobre la tierra son posibles de escribir, al menos, dos biografías: una lineal y clásica; la otra, tan densa y entramada como la vida misma, porque como dijo él en su texto autobiográfico Vivir para Contarla “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

Escribir desde los 17 años evidencia que es posible llevar tinta por ADN. Aracataca, un pueblo de la costa norte de Colombia, vio nacer en 1927 al mayor de una familia de 12 hermanos de clase media: Gabriel García Márquez, “El Gabo”, hijo del telegrafista del pueblo y la “niña bonita” del lugar.

Intentó con el derecho, pero a los 20 años y entristeciendo a su padre, abandonó el estudio para ganarse la vida escribiendo en periódicos. Sin lugar a dudas la vocación es un llamado y 42 obras publicadas, cientos de textos, notas y editoriales, lo respaldan.

Su primer cuento divulgado fue La Tercera Resignación en 1947 y en 1955, a los 27 años, vio luz su primera novela, La Hojarasca que casi no se vendió y por la cual no recibió ni una moneda de regalías. En 1961 instalado en París llegó El Coronel no tiene quien le escriba la corta historia de aquel viejo coronel que espera su pensión que nunca llega pero lo convierte en uno de los personajes más queridos de la literatura latinoamericana.

Luego de algunas otras obras vino la ruptura epistemológica como la que plantea Bachelard, la fisura, el quiebre que permite ir más allá de lo evidente y del que ya no se puede regresar. En 1967 llegó para quedarse Cien años de Soledad, novela emblema de la corriente literaria del realismo mágico en la que la narración de hechos insólitos, fantásticos e irracionales se tejen en un contexto realista.

Esta corriente, auge en las décadas del ´60 y ´70, permitió a través de grandes obras reflejar la vida y los conflictos que atravesaba el continente. Junto a Carlos Fuentes, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa, Gabo se convirtió en uno de los referentes latinoamericanos de aquellos años. Y nunca paró.

La Gaba su compañera de toda la vida, el periodismo como el mejor oficio del mundo, su vida y sus vivencias en París, Barcelona, La Habana, y Venezuela, dos hijos, sus horas de refugio en la embajada mexicana y el exilio por acusarlo de financiar la guerrilla colombiana, radica luego en México, la distinción de un Premio Nobel, entre tantos honores, cáncer linfático y con ello un tiempo de silencio en la vida pública para romperlo con su última novela Memorias de mis putas tristes.

Entre sus grandes obras se destacan Crónica de una muerte anunciada en 1981, El Amor en los tiempos de cólera de 1985, Noticia de un secuestro ya en 1996 y su última obra Yo no vengo a decir un discurso, en 2010. Sólo una síntesis ni siquiera cronológica.

La distancia cultural, tamaño de nuestra soledad

“Por fin, a principios de agosto de 1966, Mercedes y yo fuimos a la oficina de correos de la ciudad de México, para enviar a Buenos Aires la versión terminada de Cien Años de Soledad, un paquete de 590 cuartillas escritas a máquina, a doble espacio y en papel ordinario y dirigidas a Francisco Porrúa, Director Literario de la Editorial Suramericana.

El empleado del correo puso el paquete en la balanza, hizo sus cálculos mentales y dijo: Son 82 pesos. Mercedes contó los billetes y las monedas sueltas que le quedaban en la cartera, y se enfrentó a la realidad: Sólo tenemos 53.

Abrimos el paquete, lo dividimos en dos partes iguales y mandamos una a Buenos Aires, sin preguntar siquiera cómo íbamos a conseguir el dinero para mandar el resto. Solo después caímos en la cuenta de que no habíamos mandado la primera sino la última parte. Pero antes que consiguiéramos el dinero para mandarla, ya Paco Porrúa nuestro hombre en la editorial Suramericana, ansioso de leer la primera mitad del libro, nos anticipó dinero para que pudiéramos enviarla.

Fue así como volvimos a nacer en nuestra vida de hoy”

De este modo lo contaba García Márquez en el IV Congreso Internacional de la Lengua. Era el inicio entre lo real y lo mágico. Junto, tejido, imbricado. Así fue el comienzo de una obra que sin publicidad vendió la primera edición de 8000 ejemplares en una semana y que a partir de allí agotó una edición nueva cada siete días hasta vender medio millón de ejemplares en tres años.

Gabriel García Márquez describe en sus obras la naturaleza corrupta y las injusticias de Latinoamérica pero siempre negándose a usar su trabajo como una plataforma de propaganda política. Pero los límites son demasiado delgados porque, justamente, para él, el deber del escritor revolucionario es una novela que mueve al lector por su contenido político y social, y al mismo tiempo por su poder para penetrar en la realidad y exponer su otra cara.

Su discurso en 1982 al recibir el Premio Nobel de Literatura resaltó su visión crítico-política respecto a los métodos de interpretación europeos y norteamericanos sobre la vida, la política y la cultura latinoamericana.

Su crítica fue rotunda. Extasiados por sus propias culturas insisten en medir a la cultura latinoamericana con la misma vara que se miden a sí mismos resaltando que “se olvidan que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, menos libres y más solitarios”.

Sin lugar a dudas, compartido o no, estos últimos 10 años de la historia Latinoamericana, los líderes y los pueblos de este lado del globo desempolvaron sus palabras para comenzar a sacudir la historia y el lugar de Latinoamérica en el mundo.

Cuestiona la distancia cultural que busca leernos con los lentes europeos, aquellos que celebran la distancia en la literatura pero que la niegan en la política y la cultura que hacen a la elección y construcción de los pueblos latinoamericanos.

Y pregunta insidiosa: “¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes?”.

Es en esta distancia donde reside el tamaño de nuestra soledad. Leyendo con lentes europeos es incomprensible entender por qué los países latinoamericanos siguen apostando tozudamente a la vida sobre la muerte. “Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es amigos el nudo de nuestra soledad”.

Nota del Autor: Gracias por tus libros, gracias por tu lectura a contrapelo, gracias por contar historias aún no contadas que nos hagan más felices, gracias por la magia literaria de hipnotizarnos, gracias porque nosotros si hemos tenido quién nos escriba.

(*) Licenciada en Comunicación Social

 

 

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