“Somos la respuesta a la sofocada sexualidad de la pareja clásica”

Con el paso del tiempo todo va mutando: certezas, roles, conocimiento e incluso la sexualidad.  Así, lo oprobioso de ayer pasó a ser moda hoy. El swinger nació en la explosión de la posguerra, en el marco de los cambios que se dieron en el matrimonio y en el nuevo rol de la mujer a partir de la década del cincuenta. Fue una corriente que llegó para polemizar con la idea clásica de la pareja sexualmente monogámica.

Es una tendencia que crece. Hoy hay cien mil parejas swingers en el país. Las edades abarcan todo el arco generacional, hay parejas de 20 años y otras de 70. El promedio esté en los cuarenta años y en muchos casos las parejas se cruzan generacionalmente. Si bien la adhesión a esta forma de ver  la pareja creció y se extendió, no se impuso como regla ni se generalizó. Sí logró establecerse  como una opción y desde esa posición fijó pautas que marcan sus características y límites.

El swinger está definido por el intercambio de parejas. Es decir, no existe al margen de la pareja. Así nació y de esta forma sigue expandiéndose. Claro que quienes lo practican pueden ser adeptos a diferentes variantes: trío, sado, bondage, entre otras. En esa etapa también surgieron nuevas opciones como la idea de amor comunitario del hipismo o las parejas liberales con alto grado de individualismo en su relación. Ahora, ¿puede cambiar el swinger y tomar rasgos más amplios? No, el swinger es una cultura que no tiene contacto con prácticas del pasado.

Siempre nos preguntan por el “día después”. Lo hacen pensando que luego de ver a nuestra mujer u hombre embriagado de sexo ajeno lo que sigue, una vez pasado el momento de excitación, es un altercado, una furiosa reprimenda y/o ciertos rencores que se enquistarán en nuestra relación. Es lógico que desde afuera se piense de esa forma o se tenga esos temores. Pero esa idea mide esta experiencia con el mismo parámetro sentimental de la infidelidad. No logra comprender que el momento del primer intercambio es una construcción de la pareja, un blanqueo de nuestras fantasías y temores, de deseos ocultos.

Por eso, lo que pase después del acto es íntimo y muy cercano. En muchos casos de reencuentro de la pareja. Nos distendemos. Sin duda nos conocemos más ahora que antes de esa experiencia. Los reproches sólo existen cuando hay imprudencia. Cuando se cree que se pueden limar las asperezas construidas en la convivencia en una cama que no es la cotidiana. Lo que pasa al otro día es en muchos casos un retorno a sensaciones adormecidas en la pareja o una exploración a este vergel sin fronteras que es la sexualidad humana.

El miedo proviene de la noción de pareja. Estamos culturalmente asimilados a la idea de que ella sólo puede funcionar de acuerdo a las normas en las que fuimos criados. Pensamos y sentimos que cualquier alteración puede ser traumática. El “día después” es el desafío a esa apreciación. Es la crisis la que nos permite crecer. Saber que algo importante cambió en nuestra pareja sin que nada cambie.

¿Qué es lo ideal? A esa pregunta le cabe la misma respuesta que hoy se da al preguntar a un experto por el mejor vino. Seguramente contestará: “El que más te guste”. Con el sexo es igual, la mejor fantasía sexual es aquella que es compatible con nosotros. Es importante considerar esto porque se está difundiendo la idea de que el swinger es aquel al que le gusta todo, el liberal absoluto.

Nuestra cultura reside en la pareja. En el amor monogámico, de a dos. En una sexualidad abierta donde ambos son activos. Ambos participan y lo hacen sólo con otras parejas. Desde allí podemos, incluso, disfrutar las otras variantes. La pareja que sólo hace tríos no es swinger porque allí una de las partes no participa en igualdad de condiciones y no puede plantear el encuentro pareja con pareja.

El futuro flexibilizará aún más la sexualidad humana ya que iremos comprendiendo su potencial y abandonando las falsas creencias y los pudores. Quizás nuestra práctica se vuelva común, corriente. Pero algo es seguro: si el concepto de familia, de pareja, cambia radicalmente, el swinger será un recuerdo del pasado porque estamos atados a una forma de concebir la familia. Somos la respuesta a la sofocada sexualidad de la pareja clásica.

(*) Lidera la Asociación Swinger Argentina junto a su esposa Beatriz y edita la revista Entre Nosotros .

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