Editorial – Se acabó el carnaval, ahora a trabajar

A fines de 2010, Cristina Kirchner restituyó los feriados de carnaval que los militares habían eliminado durante la dictadura mediante el decreto 21329/76.  Con esta iniciativa, se sumaron dos días más de descanso y/o turismo a las agendas de los ciudadanos. Ahora, luego de las vacaciones prolongadas, llega el momento de retomar las tareas y ocuparse de los temas pendientes.

El clima ocioso viene desde diciembre cuando miles de vecinos pasaron una navidad a oscuras sin ninguna respuesta oficial. Otros debieron sortear muchos días más sin energía eléctrica y algunos, incluso, sin agua. El combo se tornó nefasto considerando las temperaturas altísimas que se vivieron y que muchos locales, sobre todo los que se dedican a la gastronomía, perdieron todo su abastecimiento. Los subsidios millonarios entregados por el Estado a empresas de energía y la falta de control y de inversión en el servicio hicieron recordar a más de uno lo que pasó con el transporte.

Costó. Pero se consiguió sortear diciembre. Y el año nuevo vino con un aumento tarifario en el colectivo de %66 (de $1,5 a $2,5). Junto con esta decisión de la cartera de Transporte llegó el alza en los vuelos de cabotaje y en los peajes en las rutas a la Costa Atlántica. Por nombrar simplemente algunos aumentos resonantes. Ya que todos los productos se tornaron más costosos y la inflación llevó a que la gran mayoría pierda poder adquisitivo.

La situación se hace más compleja para aquellos que trabajan en el mercado informal y mucho peor para quienes están desempleados. Sumado a ésto, para los que están de un lado o del otro del mostrador, el escenario se oscureció aún más al considerar la devaluación del %20 efectuada por el gobierno. El peso argentino siguió debilitándose y el dólar oficial llegó a superar los 8 pesos.

El 22 de enero, luego de 40 días de ausencia para cuidar su salud, Cristina Kirchner “reapareció” con una cadena nacional. No hizo mención a lo sucedido en diciembre. Tampoco a la inflación ni a la inseguridad. Sí, afortunadamente, dispuso de más gasto social. En momentos donde conseguir empleo se hace torna cada vez más complejo, anunció el lanzamiento del programa Progresar. Una iniciativa que ayuda con $600 mensuales a jóvenes de 18 a 24, con una realidad laboral precaria, para que puedan finalizar sus estudios.

La paradoja, no obstante, se hace presente. Por un lado, se anuncia un plan que busca estimular a que los adolescentes se reinserten en la vida académica. Por otro, los docentes de las escuelas públicas no logran alcanzar una paritaria justa que les permita mantener su poder adquisitivo. Los chicos, casi 6 millones a lo largo del país, son rehenes de esta disputa y no comienzan las clases.

Tampoco se escucha a jóvenes universitarios que proponen una Tarifa Social para estudiantes y docentes universitarios (ver la última nota del portal). No lo hace el Gobierno Nacional ni el Gobierno de la Ciudad, que impulsó una inscripción online excluyente para sus escuelas y que, ante la falta de vacantes, ideó unas aulas containers que ponen al descubierto su concepción de la educación pública.

En este recién nacido y turbulento 2014 no hay que olvidar un duelo dialéctico elocuente vinculado al narcotráfico. “La Argentina era un país de tránsito, y ahora es un país de consumo, y lo más grave también de elaboración”, consideró Agustín Rossi, hombre de confianza del kirchnerismo y actual ministro de Defensa. Primero el secretario de Seguridad Sergio Berni y luego el jefe de Gabinete Jorge Capitanich salieron a cruzarlo y a desmentirlo.

El avance de la droga en el país es una realidad. Seamos o no productores. El consumo de marihuana ya se observa en la calle como si fuera un cigarrillo. Tristemente, también crece el consumo de cocaína y de paco. Los crímenes alrededor de esta sustancia prohibida que genera millones se multiplican. Entonces, se pueden intentar tapar el sol con la mano o se puede buscar herramientas que permitan combatir el narcotráfico y dejar de judicializar a los consumidores.

“Basta de perseguir a los perejiles”, planteó hace tiempo Aníbal Fernández, senador Nacional por Buenos Aires, quien actúa como vocero del gobierno nacional en esta temática y es uno de los impulsores de la despenalización del consumo de estupefacientes. Ex presidentes Latinoamericanos como César Gaviria (Colombia – 1990/1994), Ernesto Zedillo (México – 1994/2000), Ricardo Lagos (Chile – 2000/2006) y Fernando Henrique Cardoso (Brasil – 1995-2002) dieron su apoyo a las autoridades mexicanas, mediante una carta, para que impulsen la despenalización de la marihuana en su país.

Más allá de hacer público el tema, de instalarlo en la agenda, la ley de drogas en el país no se ha modificado. Tampoco se cuenta con las herramientas institucionales adecuadas para ayudar a recuperar a los adictos. En Uruguay, mientras tanto, no hicieron la vista gorda y legalizaron la producción de marihuana para quitarle el negocio a los narcotraficantes. Sabiendo quiénes son y cuánto consumen los fumadores es mucho más fácil ayudarlos en caso de que lo necesiten.

No obstante, este tema no se habló en el discurso proselitista de 2 horas y 45 minutos que ofreció la primera mandataria en la apertura de las sesiones en el Congreso. Tampoco se refirió, por ejemplo, a otro asunto espinoso como es el aborto.  Nuevamente tomando como referencia a los vecinos uruguayos, desde diciembre de 2012 a mayo a 2013 se realizaron 2550 abortos legales. En los primeros seis meses desde que esta práctica es legal en ese país no se registró ninguna muerte. Por acá, en cambio, los abortos inseguros son la principal causa de mortalidad materna.

Sí hubo tiempo en este último discurso para referirse a cómo se remarcan los precios. “No hay justificativo de aumentos de precios que no se condicen con la realidad y que saquean los bolsillos de los argentinos”, indicó Cristina. Además de reconocerlo, debiera ser el Estado y no el ciudadano quien controle que los supermercados no se hagan millonarios a costa de sus clientes y que, por lo menos, apliquen el acuerdo de precios al que se comprometieron (hasta ahora, en muchos casos, los artículos de los Precios Cuidados brillan por su ausencia en las góndolas).

Hubo referencias a los cortes de calle. Sin dudas, un debate pendiente. Los piquetes fueron exitosos para visibilizar a los excluidos cuando estalló la crisis de 2001. Aunque luego se abusó del mecanismo y así se terminó conspirando contra otros ciudadanos al impedirles el libre circulamiento. El acuerdo con Irán también fue mencionado y se chicaneó a la oposición para que proponga otra ley si no están de acuerdo con la actual. Pero en concreto, a un año del memorándum – se cumplió el 27 de enero – todavía no se consiguió ningún avance.

Evidentemente hay mucho por hacer en el país. Hay muchos temas irresueltos, muchos asuntos mal abordados y otros que ni siquiera son contemplados en la agenda de los políticos y son prioritaritarios en la de los ciudadanos. AHORA es el momento. El descanso se acabo. La gente, los votantes, no quiere escuchar qué pasará en 2015 ni quiénes serán los mejores candidatos para ese momento.

Se necesita con urgencia respuestas que ayuden a mejorar la calidad de vida de quienes peor la pasan (sin clientelismo), previsibilidad para favorecer las inversiones, una economía que se mantenga activa para que se favorezca la generación de empleo, hospitales y educación a la altura de lo que se pregona y no de lo que son realmente. Y, sobre todo, que la especulaciones políticas le cedan su lugar a la ambición de buscar un mejor país para todos. Ni para los que consideran que venimos de una década ganada, ni para los que piensan que el oficialismo aprovechó el viento de cola y luego falló en el modelo económico que ideó. Para TODOS.

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