Un nuevo actor en la política argentina

Las elecciones del presente año arrojaron numerosos elementos de análisis sobre la situación del país y los distintos proyectos políticos existentes. Quizás una de las novedades menos atendida desde los medios de comunicación, pero relevante para la dinámica política futura del país, es la emergencia de un nuevo espacio político que hizo sus primeras armas electorales el 11 de agosto y el 27 de octubre.

En general se trata de la representación electoral de experiencias políticas de varios años de existencia, ancladas fundamentalmente en una militancia de tipo social por fuera de la política institucional y las estructuras partidarias tradicionales. Una de estas fue el caso de MAREA Popular. La agrupación encabezó una de las categorías en el frente Camino Popular en la Ciudad de Buenos Aires. También podemos mencionar el caso del Frente Ciudad Nueva que se presentó en las municipales de La Plata, o el Frente Ciudad Futura que hizo lo propio en la ciudad de Rosario, así como otras experiencias como el Frente Pueblo Unido en la provincia de Jujuy.

En todas estas experiencias el denominador común es la definición de organizaciones que tienen su principal actividad por fuera de la política institucional y electoral pero se vuelcan a dar una pelea también en ese terreno. Combinar ambas actividades no es un desafío sencillo, ya que las lógicas políticas de la construcción en los barrios, en las universidades, en los sindicatos, en los movimientos contraculturales o de mujeres, son muy distintas de las reglas del juego del terreno institucional y electoral. Y en nuestro caso, a diferencia de lo que sucede con la política tradicional, tuvimos que hacer todo desde cero.

El primer desafío fue convertirnos en partidos formalmente reconocidos para poder participar. Es decir, conseguir la personería electoral. Esto implicó una intensa actividad militante para conseguir las afiliaciones necesarias. Luego vino la necesidad de diseñar una campaña electoral desde todos los planos: programáticos y propositivos, estrategias comunicacionales, despliegue de militancia territorial, campaña de financiamiento, presencia en medios de comunicación, entre otras tareas. Toda esta experiencia fue sumamente positiva y resulta un aprendizaje absolutamente enriquecedor.

Desde el punto de vista político, la emergencia de estas nuevas experiencias que hoy están comenzando a constituirse como un nuevo espacio a nivel nacional también reflejan elementos novedosos. Mientras que hoy el conjunto del arco político se define exclusivamente a partir de la dicotomía kirchnerista – antikichnerista y en la campaña electoral primaron las consignas efectistas, nosotros hemos desplegado una campaña vinculada a discutir los problemas de fondo de nuestro país como ser la necesidad de avanzar en el control público de los recursos naturales y estratégicos del país, terminar con la desigualdad social imperante, resolver problemas como el acceso a la vivienda a partir de la regulación del mercado inmobiliario y de la precarización laboral que afecta fundamentalmente a los jóvenes. También la necesidad de avanzar en mecanismos de democracia más directa y participativa para poder resolver todos estos problemas.

Este programa de transformaciones estructurales estuvo ausente en esta década, aunque en la misma se han logrado importantes conquistas de derechos. A contramano de lo que plantea la mayoría de la oposición de que los problemas que sufre nuestro país se deben a una impericia en la gestión gubernamental por su excesivo “populismo”, nosotros planteamos que los problemas de la Argentina se deben a una estructura económica, política y social que beneficia a unos pocos y condena a las grandes mayorías.

La situación actual demuestra que luego de diez años de impactante crecimiento económico, los problemas estructurales no se han resuelto y quienes más han ganado ahora piden un ajuste económico que tendría un alto y negativo impacto social. El avance del extractivismo como matriz productiva, el déficit industrial crónico, la ausencia de una reforma tributaria que permita terminar con la injusticia distributiva, la crisis energética, la puja de ingresos a partir del sostenido proceso inflacionario, son todos aspectos necesarios a balancear.

En este escenario, distintas organizaciones y movimientos populares que hemos hecho nuestra primera experiencia electoral nos lanzamos a construir un nuevo espacio político a escala nacional. Una de las primeras tareas y desafíos es forjar un proyecto de país propio, que tenga como horizonte la recuperación de la soberanía perdida y la conquista de la emancipación nacional, así como la promoción de un cambio social profundo. Este proyecto choca con las limitaciones del modelo kirchnerista planteando la necesidad de superarlo pero en la dirección opuesta de lo que propone la mayoría de la oposición conservadora o mal llamada “progresista”.

Las elecciones de este año han sido para nosotros un primer paso muy alentador. Lo que hoy se denomina como una nueva izquierda independiente o popular será parte de las grandes discusiones del país en los próximos años. Pero la constitución de este espacio no es un objetivo en sí mismo. Estamos convencidos de que es posible construir en la Argentina un gran movimiento popular que logre avanzar en los cambios de fondo necesario. Eso implica ser capaces de articular un campo popular hoy sumamente fragmentado y disperso, dejando de lado disputas inconducentes e integrando distintas tradiciones políticas.

(*) Licenciado en Economía y docente en escuelas porteñas.

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