Valparaíso, en llamas

El fuego que se originó durante la tarde del sábado 12 de abril en la ciudad de Valparaíso, a 108 kilómetros de Santiago. Las autoridades, en principio, lo marcaron como un accidente en el que dos pájaros se habrían electrocutado en un poste de energía y habrían iniciado las llamas en Camino La Pólvora. Aunque Guillermo de la Maza, director regional de la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior (ONEMI), opinó que “hay intervención de terceros sin duda”. 

Frente a esta situación, decenas de compañías de bomberos acudimos desde otras ciudades en apoyo de nuestros compañeros que estaban siendo sobrepasados por el avance de las llamas. A nuestra llegada pudimos constatar las grandes dificultades que tendríamos: Calles estrechas, mal hechas, con baches, muy empinadas, falta de grifos, canillas sin agua o con baja presión.

Sin duda alguna, no hay palabras que puedan describir todo lo que vimos. Una lluvia de cenizas azotaba toda la ciudad mientras la gente parecía zombies caminando sin rumbo alguno. Por otro lado, mientras recorríamos las zonas afectadas en busca de algún rebrote, sólo se observaba destrucción. El panorama se asemejaba a un territorio que había sido víctima de una bomba. Decenas de animales calcinados y abandonados por todos lados junto a cientos de personas que veían, absortos, cómo sus hogares sucumbían ante el poder del fuego.

A pesar de tanta destrucción, del llanto, de la angustia, de la desesperación de la gente, de ver a varios de mis compañeros caer al suelo exhaustos, algunos desmayados, otros siendo agredidos por los pobladores al ver que no llegaba el agua, de observar 2000 casas quemadas, más de 800 hectáreas de bosque consumidas, miles de damnificados y 12 fallecidos, a pesar de todo eso, puedo decir sin problemas que los sistemas de emergencia funcionan correctamente y Chile está preparado incluso para una catástrofe aún mayor. Así logramos superar el terremoto de 8,2 grados sufrido el 1 de abril en diversas regiones del país.

El gran problema es el suministro de agua en los grifos. ¿Culpa de los bomberos? Claramente no. Entonces, ¿quién es el culpable? ¿La compañía de agua? No lo creo. Darse cuenta es fácil. Se observó una pésima planificación en la ciudad, donde los ricos viven en cierto lugar y los pobres son desplazados a las zonas más alejadas y con mayor peligro. Cerca de los bosques y quebradas, de muy difícil acceso. ¿Es eso una ciudad planificada?

La presidenta Bachelet, quien retomó la presidencia el 11 de marzo, dijo que no se puede iniciar una reconstrucción en el mismo lugar. Finalmente, y tras un duro golpe, nos damos cuenta que una ciudad debe tener una planificación bien hecha y que no que sea manejada por grandes conglomerados que desean instalar sus centros comerciales en cada rincón a toda costa.

(*) Bombero voluntario, estudiante de ciencia Política UDP

1 comentario

  • ESther krestenbaum dice:

    Felicitaciones a la presidenta Michelle Bachelet por comprender que allí mismo no se podía volver a construir sino que debía hacerse en un lugar planificado y seguro.

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